Casi todas las madres recuerdan el momento de su parto con especial cariño y lo relatan a sus familiares. El caso de Toyin Ogundipe rompe la norma: ella tiene una historia para explicar que dejará boquiabiertos a todos los que la escuchen. Esta mujer se puso de parto en un avión, a 10.500 mientras viajaba de París a Nueva York.

Por suerte, entre los pasajeros, se encontraba un médico, Sij Hemal, un residente de urología en un instituto médico de Cleveland, de 27 años que se enfrentó a uno de los retos más grandes de su carrera profesional. Y también quiso la suerte que entre el pasaje hubiera una pediatra, Susan Shepherd. El avión sobrevolaba Groenlandia, el lugar más cercano para aterrizar era una base norteamericana de las islas Azores y aún faltaban cuatro horas para llegar al destino.

Así que el médico decidió que lo más seguro era asistir al parto allí mismo, en el propio avión, pues no vio claro que se pudiera hacer un aterrizaje de emergencia. Como después declaró a un diario, estaba muy contento de no haber bebido nada durante el trayecto. Anteriomente, Sij Hemal únicamente había asistido siete partos, pero sin duda, por muchos que asista en el futuro, este será el que más recuerde.

Sij Hemal volvía de la boda de un amigo en la India y había hecho escala en París y, después, debía coger otro avión rumbo a Cleveland. Seguramente jamás olvidará aquel viaje en el que tuvo que asistir a la parturienta y emplear un cordón de los zapatos para atar el cordón umbilical.

Por suerte, no hubo ninguna complicación y tanto la madre como el bebé están sanos. Al aterrizar, fueron trasladados a un hospital y ya han sido dados de alta. El médico pudo coger su conexión y llegar a Cleveland como tenía previsto. Un final feliz, aunque un poco imprevisto para todos los pasajeros.