Tras largas semanas de confinamiento debido a la crisis del coronavirus, muchos han decidido dar un cambio de 180 grados en sus vidas. ¿Cómo? Planteándose muy seriamente cambiar su domicilio en la 'jungla de asfalto' por un hogar en un entorno más saludable... y verde.

Porque, en general, las viviendas de la mayoría de los mortales son pisos minúsculos, interiores, y hablar de balcón y jardín es casi una utopía. Una casa más grande y, en el mejor de los casos, con zonas verdes propias o acceso directo a la naturaleza se convierte en toda una tentación. En esa línea, muchos son los que se están interesando en comprar una vivienda en una aldea abandonada donde, en principio, el riesgo de contagio sería mucho menor.

Según recoge la web NIUS, la demanda se ha disparado en los últimos meses. Y en el portal inmobiliario Aldeas Abandonadas, están recibiendo peticiones de información de los más diversos perfiles: familias con niños, jubilados, emprendedores que buscan cambiar su futuro laboral... Todos aquellos coinciden en la necesidad de más espacio y un entorno mas saludable que las grandes ciudades.

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Elvira Fafian, gerente del portal Aldeas Abandonadas, afirma: “Llevamos unos 15 días o un mes que recibimos muchas peticiones de reservas online. Por el motivo que sea, la gente quiere dar un cambio a su vida. Se quieren marchar, se dan cuenta de que en la ciudad no encuentran lo que quieren”, sostiene. “La gente quiere volver al campo", recalca, "estamos viendo muchísimo cambio” según recoge también The Huffington Post.

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Ahora mismo, hay mucho interés por comprar casas en entornos rurales, pero también por hacerse con núcleos abandonados. Las provincias que más interés están despertando son Galicia y Asturias, donde el nivel de despoblación es muy elevado. Al ritmo de vida más saludable que implica vivir en entornos naturales, hay que añadir las ventajas económicas, ya que estas propiedades se pueden adquirir por mucho menos de lo que cuesta un piso en una ciudad. “En Galicia, tenemos una aldea de 89.000 euros, con dos casas, con su pajar, con su hórreo y sus tierras. En total con una superficie de unas dos hectáreas de terreno”, concluye Elvira.

Despoblación