El pequeño Amancio Ortega

La impactante experiencia de un publicista con un 'influencer' de 12 años

El niño cobraba unos 4.000 euros al mes patrocinando a marcas y sus padres no tenían ni idea

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Alejandro Rivas lleva 10 años dedicándose a la publicidad y el pasado 9 de junio decidía explicar a través de Twitter cómo es trabajar con influencers puesto que, como aseguraba, en todos esos años había cosechado un sinfín de historias.

Lo que seguramente no esperaba es que su anécdota se acabaría viralizando por el surrealismo de esta y por los casos que podrían haber en las redes y desconocemos.

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Y es que en los últimos años nos ha quedado claro que los influencers son una gran herramienta para las marcas a la hora de vender sus productos y que estos pueden llegar a ganar grandes sueldos con ello, también. ¿Pero qué pasa cuando los influencers son menores de edad?

Rivas explicaba que en 2016, para una campaña con una determinada marca, necesitaban llegar a un público de entre 11 y 15 años. Para ello decidían contactar con un niño de 12 años, que por aquel entonces contaba con 200.000 seguidores en Instagram y que el narrador definía como un “Cremades Junior”.

Lo curioso del caso, era que el niño gestionaba los negocios con las marcas con una maestría para su edad que dejaba completamente anonado al publicista: respondía a correos electrónicos de trabajo en horario escolar, tenía una hoja con tarifas “de lo más elaborada”…. ¿Cuál era el problema? Sus padre no tenían ni idea de que su hijo se lucraba con las redes sociales. Así pues, para trabajar con él, ponía a las empresas la condición de no hacer facturas, que ningún adulto firmara ningún permiso para trabajar y que su padre no se enterara de ello.

Rivas se mostraba completamente tajante y tras consultar la situación con su abogado, se negaba a caer en la ilegalidad. Para su sorpresa, el niño le explicaba que muchas marcas habían aceptado sus condiciones y que era plenamente consciente de que “cobraba más que su padre”.

Sus progenitores no tenían ni idea de todo esto y el niño solo podía gastarse el dinero cobrándolo a través de Paypal (en una cuenta que se había creado con datos falsos) y comprando todo por Internet. Los padres creían que todo lo que recibía el menor eran regalos de las marcas por ser tan famoso.

La historia ha sacado a la luz los casos de todos los adolescentes influencers, que tratan de escapar de los consentimientos paternos para así seguir con su trabajo libremente. Y el propio Rivas, invitaba a reflexionar a sus lectores: “¿Qué pensáis que hubiese hecho el padre de haberse enterado? Muchos padres de influencers (incluso con niños muy pequeños) gestionan la imagen de sus hijos y ganan una pasta. ¿Habría sacado partido a la gallina de los huevos de oro o habría desmontado el chiringuito?”.

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