El pasado mes de marzo, cuando el confinamiento apenas había comenzado, Hermann Schreiber, decidió salir -armónica en mano- para deleitar a sus vecinos. Este hombre, de 80 años, es de nacionalidad alemana pero vive en Vigo, y está casado con una gallega, Teresa. Desde hace tiempo, está diagnosticado de Alzheimer.

Fue la enfermedad la que le llevo a creer que los aplausos de las 8 de la tarde a los sanitarios eran para él, por haber salido a tocar su preciada armónica desde la ventana de su domicilio. Una confusión que la enfermera que le cuida, Tamara Sayar, tampoco quiso aclararle.

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La historia se fue dando a conocer y llegó a oídos de Jordi García, del estudio 23lunes en Barcelona, que ha transformado este bonito testimonio en un corto de animación. "Me dejó tocado, me fui a dormir y solo podía pensar en qué imaginaba él cuando salía a tocar, donde viajaba, qué sensación tenía. Por la mañana me levanté y escribí el guión. Y al día siguiente nos pusimos a trabajar", explica Jordi García a la agencia EFE.

Dieciséis especialistas han estado trabajando de manera interrumpida durante dos meses y medio, desde sus casas, para convertir en realidad esta historia que refleja el lado más humano de una época dura y difícil.

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En el corto de apenas dos minuto y medio, Hermann toca el violín en lugar de la armónica, pero hay muchas cosas en común con la historia real, que llega al corazón.

Realizado sin ánimo de lucro, está dedicado a los héroes y heroínas de la pandemia: sanitarios, científicos, y todas esas personas que, de una u otra forma, han luchado sin descanso contra el virus.

La enfermera que cuida al anciano, Tamara, explicaba a Onda Cero que estaba "emocionada y abrumada” al ver la repercusión. Los aplausos se iban apagando, y cuando desaparecieron del todo preguntó “si los habían prohibidos”. “Yo le decía que no, que como ahora se podía salir, la gente ya no estaba pendiente”.