Aunque en un principio hubo ciertas dudas acerca de su uso, finalmente la mascarilla se ha convertido en un elemento imprescindible para la protección frente al coronavirus. Ahora que han llegado el verano y las altas temperaturas su uso puede ser algo molesto y provocar cierta incomodidad.

Por ello, desde el departamento de enfermedades infecciosas de la Universidad de Virginia han ofrecido una serie de recomendaciones para compaginar las altas temperaturas y el uso de la mascarilla.

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Una de ellas es que huyas de las horas de más calor durante el día. Es decir, si tienes que salir de casa, hazlo a primera o última hora del día, cuando las temperaturas no son tan elevadas o, por lo menos, unos grados más bajas que en las horas centrales.

También recomienda escoger un material transpirable para la mascarilla. Por ejemplo, las mascarillas de algodón tienen más transpirabilidad y son más cómodas. Aunque también las de capas externas de algodón y capas internas de franela también funcionan.

Otro de los truco para que no te agobie la mascarilla es llevar una de repuesto. Si vas a pasar muchas horas fuera de casa y es un día de altas temperatura, lleva contigo otra mascarilla, dentro de una bolsa de plástico, para cambiártela cuando se humedezca la que llevas.

Si sudas, la mascarilla se te pegará a la cara y te costará más respirar. En cambio, si llevas una de repuesto puedes cambiártela cuando empieces a sentirla húmeda.

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También explican que si la mascarilla te está impidiendo respirar con normalidad, puedes quitártela y darte un respiro. Eso sí, asegúrate de que hay una distancia mínima (entre 1,5 y 2 metros) con respecto a las personas que te rodean.

Las mascarillas deben cubrir la nariz y la boca e ir lo suficientemente ajustadas a los lados de la cara, pero sin apretar por dentro para evitar que la respiración no esté obstruida.

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