Don Adair, de 76 años, estaba ingresado en un hospital de Nueva York a causa del coronavirus. Tenía 4 hijos y cinco nietos. Su pronostico no era muy halagüeño y su familia lo sabía, pero no podía estar fisicamente para decirle adiós, como en otros tantos casos en esta pandemia. Su hija Abby vivía a tan solo 8 kilómetros del hospital y estaba desconsolada por el hecho de no poder acompañar a su padre en tan duro trance.

Por eso se le ocurrió que si existía una manera de no dejarlo solo, pidió a las enfermeras que le estaban tratando el número de teléfono fijo de la habitación del hospital. Llamó y solicitó que le pusieran el auricular en la cama, junto al oido de su padre, en la almohada. Comenzaban entonces 36 horas de una difícil despedida, que la propia Abby ha relatado a través de sus redes sociales.

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"El terror que he sentido hoy es diferente a todo lo que he experimentado, y solo puedo imaginar lo difícil que ha sido para ti, papá. Lamento mucho que estés pasando por esta pesadilla", ha escrito en un conmovedor testimonio que ha acompañado de imágenes familiares de su padre junto a sus hijos y sus nietos.

A lo largo de las 36 horas en las que Abby estuvo al teléfono, sin soltarlo en ningún segundo, quiso recordarle momentos de su niñez, de su adolescencia, de todos los hermosos momentos y viajen que habían compartido. Incluso le cantó sus canciones favoritas del campamento mientras caminaba sola en la habitación de su casa.

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Abby solo oía la respiración de su padre y, en un momento determinado, su corazón se le encogió cuando dejó de oírla. Comenzó a decirle: "papá, por favor respira, solo respira, te necesito" . Al minuto, Don respiró.

Después de tantas horas, Abby se tumbó un momento en la cama para descansar, y el agotamiento físico y mental le pudieron. Se quedó dormida, le despertó una llamada, la de los doctores que le decían que su padre acababa de fallecer

Abby Adair Reinhard