Un grupo de cuatro amigos japoneses que cursan sus estudios en Bolonia decidieron visitar la mítica Venecia y nunca olvidarán lo que vivieron en ella. Será algo que podrán explicar a sus nietos. Pero su historia no tratará de míticos amores o de aventuras inesperadas. Si no sobre la sorpresa negativa que experimentaron cuando les pasaron la dolorosa, en la Osteria Luca en la turística calle Fabrri, muy cerca de la Plaza San Marcos. Los estudiantes no se habían pegado un festín. Se habían tomado tres filetes y una fritura de pescado. Tampoco habían regado el ágape con un Gran Reserva si no con una sencilla agua mineral. Pero la factura era de 1.145 euros.

Todos hemos experimentado alguna vez la amarga sorpresa que produce que la cuenta sea más elevada de lo que habíamos pensando. Pero nada comparable con lo que les ocurrió a estos estudiantes que después de abonar el cargo, decidieron tomar medidas. Así que cuando volvieron a Bolonia, la ciudad en la que estudian, acudieron a la comisaría para denunciar el abuso que habían recibido. Y la policía está estudiando el caso y se están planteando pedir información a sus colegas venecianos, pues no es la primera vez que sucede. Muchos de los establecimientos turísticos tienen como regla un doble baremo de precios: uno mucho más elevado para turistas y otro más asequible para los autóctonos.

El caso fue denunciado por la asociación Grupo 25 de abril, cuya misión es velar por los derechos civiles en Venecia. También recogieron otro caso de tres estudiantes del mismo grupo que tuvieron que abonar, en otro local de Venecia, 350 euros por tres platos de pasta.

La noticia apareció en diferentes diarios y días después un periodista del diario local "Il Gazzettino" se hizo pasar por un turista y acudió al mismo establecimiento para ver qué ocurría. Pagó 82,80 euros por un somero menú en el que incluyeron 10,80 euros únicamente por el servicio. Un precio también abusivo pero no tanto como el que tuvieron que pagar los infortunados estudiantes japones.