Descubro una foto que me deja shoqueadísima. Harper Seven Beckham tiene 4 años y ya se ha hecho la pedicura. No sé cuantas veces, ni si lo suyo es ya un hábito más, como el que se cepilla los dientes después de cada comida. Solo sé una cosa. La que escribe esto tiene 28 y jamás se ha hecho una pedicura. Tampoco una ‘mani-pedi’, que es lo que se hacen las personas que andan muy estresadas por la vida, y creen que la solución a todo ese agotamiento yace en sentarse una tarde a que alguien le empuje las cutículas con un palito de naranjo mientras pegan sorbos a su moccha-frappe-latte. Debe de ser que no estoy lo suficientemente estresada.

Pues yo no lo hago, pero ella sí. Ella, Harper Seven, tiene una vida agotadora con su jardín de infancia, sus clases de ballet y sus partidos de futbito. Puede que sí tenga una vida más complicada que la mía. También ella tiene unos padres que son David y Victoria Beckham, de quienes ha aprendido que uno tiene que mimarse y darse todos los caprichines que estén de su mano. De su mano, o de la mano de sus progenitores, como es el caso. Y uno de esos placeres de la vida es la manicura y pedicura en un exclusivo salón de Los Ángeles. Si Victoria acude a él a ponerse sus uñas de gel, ¡pues que le hagan una sesioncita a la niña! Tampoco tengo que llevarme las manos a la cabeza, lo último en las fiestas infantiles es contratar los servicios de una manicurista que les hace dibujos en las uñas, pero lo de la pedicura… ¡eso me parece pasarse! ¿Le habrán limado las durezas de esos pies que hace nada estrenaban kilometraje?

Esta imagen de la niña repanchingada en el salón de belleza consigue traerme a la memoria unas fotos de hace un par de semanas en las que North West Kardashian lucía las trenzas de la temporada: las de boxeadora (¡vaya cosa! Belén Esteban ya las llevaba el verano pasado, ¿la habrá copiado Kylie Jenner?). Al pelo natural de la niña se habían añadido unas extensiones para conseguir que sus trenzas fueran las de una Rapunzel con swag. Para que fuera una mini-versión de Kim. Y aunque no tendría que comparar, lo hago. Yo, a su edad, 3 años, no soportaba llevar nada en la cabeza. Ni lazos, ni horquillas, ni nada. Mi madre me solía apañar con un ‘toto’ en la cabeza a modo de fuente de pelo, que parecía que sobre mí crecía una especie de palmerita. No toleraba nada más. ¿Os imagináis que me hubieran puesto pelo artificial pegado al mío? ¡Qué suplicio! Dedicar el tiempo infantil, tan valioso como es (porque si el de todos es importante, el de un niño vale doble) a algo tan aburrido como es peinarse… A esa edad hay cosas mejores que hacer.

Y no puedo acabar este repaso por los horrores pueriles sin acordarme de ella, Suri. Nuestra Suri. La Suri de Tom y Katie, pero también la Suri de todos, ya que esa niña ha crecido ante nuestra atenta mirada. Ahora ha cumplido 10 años. ¡¡10 años!! ¿Os acordáis de cuando iba en tacones siendo solo un mico? ¿O cuando se empeñaba en ir a todos lados con los labios pintados? ¿O aquella vez que obligó a su madre a que le comprara penes de gominola como si estuviera en la peor de las despedidas de soltera? ¡Ah, qué juegos los suyos! Parece que fue marcharse de su vida el actor (lleva sin verla 2 años) y la pequeña dijo adiós a esas excentricidades que tanto nos divertían. ¿De quién las aprendería, me pregunto yo?

Los niños con actitudes viejunas me producen un tremendo asombro. Y sí, también cierto rechazo. Quizás si voy a hacerme una ‘mani-pedi’ con Harper ella me pueda explicar un poco más este tema, porque yo ya me pierdo.