¡Lo de Luis del Olmo! ¡Hemos estado a punto de perderlo! Me encuentro al querido maestro en el aeropuerto, todavía lívido, me coge fuertemente del brazo: Pilar, ¡acabo de ver la muerte frente a frente!”.

Viene con su mujer de Santiago de Compostela, el día que la tremenda borrasca Cecilia arrasaba el norte. “Diez minutos antes de llegar al aeropuerto, nos hemos metido en el meollo de la tormenta, el coche iba de lado a lado. Fueron diez kilómetros interminables a ciegas. Era una cortina de agua tupida y un viento huracanado que quería volcar el coche. ¡Rezábamos! ¡No ocurrió nada de milagro!”.

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La sensata Merche trata de tranquilizarnos: “El conductor era muy hábil… Ahora, todo ha pasado, vamos a olvidarnos”. ¿Olvidarnos? ¡Sí, sí! ¿El mundo sin Luis del Olmo? ¡No quiero ni imaginármelo!