Voy a volver a mis temas en este blog e intentar dejar a un lado la crisis sanitaria que estamos viviendo. Eso sí, dándole todo mi apoyo a la gente que lo está sufriendo de una manera muy dolorosa, física y emocionalmente. Yo tampoco me estoy librando de esto. Esta semana ha habido dos situaciones que me han hecho revolverme. El juicio sumarísimo a Alejandra Rubio y la inmovilidad sensitiva del padre de Adara. A Alejandra, parece que la estaban esperando con piedras en el camino según comenzara a caminar por los platós. No solo tenía la lupa encima por ser quien era, sino porque además esto conllevaba arrastrar la cofradía de los enemigos de su madre. Es el precio que va a pagar, aunque me tranquiliza ver que ella es consciente y sabrá saltar los charcos con habilidad. Nunca he negado el cariño que le tengo a Terelu. Siempre se lo he tenido a pesar de nuestros rifirrafes en plató. De algunos de ellos me arrepentiré siempre, porque ella mantuvo la distancia para no resquebrajar más nuestra amistad. Por eso, me produce rabia cuando este gesto generoso lo califican de cobarde.

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El tren de Alejandra


Terelu no puede tenerme miedo, porque me conoce y sabe que jamás ha estado en mi intención hacerle daño. Ni antes ni nunca. Todo empezó con la relación de Teresa y Edmundo. Yo le pedía que manifestara sus dudas y no entendí que por encima de eso estaba la felicidad de su madre. De eso, no me voy a arrepentir. Nunca me fié de Edmundo, al igual que no me fío de Gianmarco. Y no es que sea sabia, es que he vivido los amores y desamores con la intensidad necesaria para haberme creado anticuerpos y juicios con una relativa cercanía a los aciertos.

alejandra rubio y terelu

Sé lo que ella está sufriendo con Alejandra en primera línea de batalla. Pero también que se dará cuenta de que nuestras hijas a veces van por delante de nuestros miedos. Nosotras nunca les pedimos permiso por sobrexponernos –a nosotras y a ellas, a la vez–. Así que tampoco podemos pedirles que se embocen para protegernos de nuestras guerras. Alejandra está brincando por encima de lo que esperaban de ella y está en el tren al que siempre quiso subir y que dejaba pasar para no enfrentarse a la despedida de sueños ajenos, que nada tenían que ver con los suyos.

Un entorno cenagoso


Y eso me gusta de ella. Sabe que este viaje no va a ser fácil. Pero tiene las agallas suficientes como para no bajarse en el primer trayecto. Solo le falta seleccionar un poco más el entorno donde se va a mover a partir de ahora.
Es penoso. Pero debe saber que, en este momento, para no pisar el fango, tiene que evitar ciénagas. Y a gente que está dispuesta a venderla incluso a precio de mercadillo con tal de hacerse visible otra vez. Pero lo que nos salva de estos es que las estrellas fugaces brillan solo el tiempo en que contemplamos su caída. Espero que Alejandra se mantenga en la calma y disfrute su recorrido. Y aquí tiene mi mano si la necesita algún día.