Se acabó el 2020 y yo lo he despedido con la mayor indiferencia. Nada de uvas ni brindis ni ver nada relacionado con el fin de este año maldito. Hoy, primer día del nuevo año, he decidido regalarme otra vida. Una sin miedos y donde solo quepan la esperanza y las risas. Mi primera llamada ha sido a Alba y he colgado dando gracias por tenerla en mi vida. Alba hace de los baches un trote de diversión, y de los conflictos, un juego de mesa. Aleja a mis nietos del murmullo triste del exterior y les hace una burbuja de colores cada día.

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Su serenidad me alivia

Me recuerda todo lo bueno que tengo, aunque comparte mis días de rabia con una serenidad que logra borrar las tormentas de mi cabeza. Ha conseguido que no me sienta sola en la distancia y que piense que cada día esta distancia se acorta y que los abrazos serán infinitos. Sabe desenredar los ovillos del miedo con la destreza del optimismo. Siempre consigue que su casa huela a galletas recién hechas y que su entorno viva alejado de cualquier nube negra. No me permite caerme al vacío y me hace flotar en cualquier tempestad. Hace de mis días de tormenta una mirada a un arcoíris imaginario que me da esperanza. Este año tengo que conseguir que la enfermedad no me atrape y desalojarla de mi cuerpo. Voy a intentar refugiarme menos en el aislamiento y disfrutar de esos amigos que siempre están ahí para vernos. Pensar que mi familia no ha sido tocada por este bicho que se ha colado en nuestras vidas y que también preparan la vuelta a la normalidad con una enorme ilusión. Sueño con jugar con mis nietos y pasear horas por nuestros parques. Volver a disfrutar de las barbacoas de mi yerno en el jardín y oír el sonido de la tregua de esta pandemia que ha conseguido encerrarnos con los cerrojos del miedo. En fin, quiero volver a la vida. Así que... vamos a caminar este año, disfrutando de lo bueno que nos encontremos durante el paseo. Voy a brindar todo el año por lo que tengo e intentaré conseguir lo que deseo con más fuerza que nunca.

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La quiero a morir

Empecé este blog hablando de mi hija y quiero terminarlo dedicándoselo a ella. Alba ha estado ahí siempre recogiendo mis estados de ánimo y apoyándome siempre en cualquier decisión que tome, aunque estas a veces le han preocupado. La quiero a morir, y tenía que decirlo. Sin ella mi vida sería una noria vertiginosa que acabaría golpeándome contra el suelo. Así que, por ella, voy a luchar sin tregua, para darle el regalo que se merece. Vencer en esta batalla que estoy librando. Y así será.