Llevo unos días escuchando con frecuencia un nombre que estaba borrado hacía tiempo de mis informadores. Ahora varios me cuentan, me rumorean, me afirman y me niegan que Edmundo Arrocet está sobrevolando España de pensamiento, de palabra y tal vez de obra. Y la verdad es que, viendo las reacciones de Carmen Borrego y Alejandra Rubio en ‘Viva la vida’, empiezo a creer que lo veremos pronto y que no parece que le hagan mohínes a la vuelta. Miedo me da, por una parte, y curiosidad, por otra.

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La herida sigue abierta

Con Terelu no he hablado de esto ni creo que lo haga. Aprendí hace tiempo a respetar los silencios de mi amiga a este respecto. Solo estoy pensando esto ahora: si esto ocurriera, ¿qué pasará con Teresa?

Estoy segura de que las heridas continúan ahí, pero la nostalgia y el dolor por la ausencia también. No hemos pasado un buen año. La soledad nos ha mordido hasta dejarnos cicatrices. Dicen que todo esto nos debería hacer mejores. Yo no lo sé, pero a mí sí me ha hecho más tolerante con los desaciertos ajenos. Ahora creo que hay que apostar por la movilidad de la piel y el abrazo a los errores, que es la única forma que tenemos de despedirnos de ellos en armonía. Estamos viviendo tiempos de escasez absoluta. De abrazos, de esperanzas, de planes a corto plazo..., y con muchos miedos de encontrarnos con los que queremos. Los reencuentros nos van a aliviar, sin duda, de la quemazón de la clausura a la que estamos siendo obligados. Así que, volviendo a Edmundo y a Teresa, si este regresara y se produjera un cruce para la conversación que ella considera pendiente, sería un respiradero para su agonía emocional. Y luego, da igual lo que pase. Ahora mismo cualquier cosa extraordinaria que nos provoque alguna pasión resulta un regalo con lazos de esperanza. Solamente espero que él venga desnudo de mentiras y promesas falsas. Que su visita, si se produjera, fuera para aliviarla y no para volver a soliviantarla.

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Faltos de calor humano

Viene una semana muy especial y, aunque me consta que Teresa estará rodeada de los que la quieren, también sé que en algún momento o en muchos su memoria la llevará a los momentos en que él estaba presente y ella ausente de ausencias. No sé si me estoy debilitando en la crítica a las actuaciones ajenas, pero sí es cierto que estoy disfrutando más de las sonrisas que de las lágrimas y del amor que del desamor, aunque sean ajenos. De todas formas, esta historia del reencuentro de Teresa y Edmundo no va más allá de mi imaginación, pero en estos momentos es la única arma que tengo para planear sobre este panorama tan desértico de calor humano. Intentemos como podamos guarecernos de este frío en el alma, que parece que va para largo.