En el punto de Mila

Iba a escribir sobre la ciénaga sin fondo de los Chabelitos/Dulces

Mila Ximénez
isa pantoja

Actualizado a

Me asfixia la rabia y el silencio. Me atraganto comiéndome nombres de ‘escorts’ que navegan en Ibiza del brazo de su protector, y escupen indiferencia protegidas por el paraguas de los lameculos que las cubren. Estoy harta de que los que cumplimos estemos a merced de los delincuentes. De que cumplir con la justicia no sirve más que para estar expuesta por no disfrazar ingresos. De que los malos disfruten con sus trampas y a los que nos da miedo bordear la delincuencia nos aprieten el culo al más mínimo fallo. De que una infracción de tráfico suponga un embargo en la nómina de un currante, y que los que defraudan millones de euros sean recibidos en salas de juntas para negociar.

Mi cólera no viene de la nada


Me hastía no poder gritar que el dinero te mantiene a salvo, venga de donde venga. Que los delincuentes se ríen de la gente de a pie, porque ellos no tienen miedo. Harta de caminar de la mano de la honestidad y que te arrastre un golfo/a y tengas que explicar tu barro en la ropa.
Esta cólera no viene de la nada. Viene de un camino largo con encuentros desafortunados que te arrastran a perder la ruta y consiguen que te paren en cualquier control con la sospecha de que estás huyendo.
Iba a escribir sobre la ciénaga sin fondo de los Chabelitos/Dulces, pero en verdad estos ‘ninis’, ni mueven ni mudan tu vida diaria. Los delincuentes no se prestan a bautizos postizos ni a enredar en las redes con vídeos cutres. Estos van más allá. Dedican cada momento de su vida al engaño y a escupir en las letrinas de los tontos que pagamos sus impagos. Ahora empieza el carnaval de la estafadora Mónica Gil Manzano. Me muero por saber quién le proporcionó los disfraces y le pidió el primer baile.

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