He conocido a Plácido Domingo. No en profundidad, pero es cierto que he coincidido con él varias veces cuando vivía en Centro Colón, y lo he entrevistado alguna vez. El recuerdo que tengo de él es impecable. Siempre me ha parecido un hombre correcto y cercano que nunca, al menos conmigo, iba de la gran estrella que era. Pese a ello, no voy a poner en duda los testimonios de esas mujeres que narran episodios de acoso, sobre todo porque él mismo, de algún manera, les ha dado la razón.

Por un lado, me apena que alguien como Plácido termine una carrera tan brillante de una forma tan chusca. Por el otro, me alegro de que las mujeres denuncien estos comportamientos, caiga quien caiga. El movimiento ‘Me Too’ tiene que crecer más. Deberíamos perder el miedo de una vez por todas a atar las manos de ese tipo de hombres poderosos que campan a sus anchas porque tienen un cordón de seguridad que los hace intocables. Intocables a ellos con sus tocamientos, por cierto. Estas prácticas siempre han sucedido en todos los círculos y profesiones. Y lo peor es que ellos aún se exhiben con pecho de pavo por los sitios de moda, donde son recibidos como auténticos señores.

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Las mujeres se revuelven

Aún se exhiben con sus mujeres de siempre, y con la misma mirada de animal en celo olfateando presas fáciles. Es cierto que muchos ya están para pocos trotes, pero eso no les impide seguir jugando a la seducción ridícula y grotesca de siempre. Ahora que las mujeres se están revolviendo es una gran ocasión para no pasar por alto estos gestos que, estoy segura, muchas siguen sufriendo. Por eso, creo que denunciar es la única forma de frenarlos.

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Estamos viendo sentados en el banquillo de la vergüenza a productores importantes, actores de éxito y empresarios. Pero esto sucede sobre todo en EE UU, aunque también ha habido silencio durante muchos años. La propia Oprah Winfrey confesó que había mirado hacia otro lado durante un tiempo. Entiendo que el poder produce miedo, pero el silencio provoca un dolor eterno. Volviendo a Plácido, no sé qué futuro profesional le espera. Imagino que uno corto y oscuro. Pero lo peor es su presente personal.

El acoso como norma

No entiendo bien lo que quiere decir cuando pide perdón por su comportamiento. Ni qué pensaba que estaba haciendo cuando las hacía sentirse molestas. Y eso me preocupa más. Lo cierto es que el acoso ha sido durante muchos años una forma de relacionarse de algunos hombres para conseguir sus objetivos, incapaces de hacerlo de manera natural por sus nulas cualidades físicas y emocionales.