Encarna Sánchez vivió agazapada al chantaje y no le sirvió de nada

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Aún estamos con la resaca de las manifestaciones del Día de la Mujer, y estoy viviendo situaciones que me hacen pensar que nos queda por recorrer más trecho del que pensaba. Las mujeres han salido a la calle a luchar por sus derechos y hemos gritado por la igualdad y por erradicar la violencia de género. Y, sobre todo, por la libertad. La libertad en todos los sentidos.

Desentierran a Encarna

Las calles se han pintado de colores morados, pero estos días están sucediendo cosas que decoloran esa lucha. He recibido una llamada de teléfono de un programa en el que me preguntan, de nuevo, por Encarna Sánchez. Antes me irritaba, pero hoy he sentido cierto desconsuelo. Desentierran a Encarna una y otra vez. Y aunque disfracen los motivos de ese recuerdo, solo hay uno: parlotear sin compasión sobre su tendencia sexual. Algo que, creo, marcó el carácter y le hizo no disfrutar de una vida que le había regalado el éxito.

En el fondo, no fue libre

Encarna vivió agazapada al miedo y al chantaje toda su vida. De nada le sirvió. Ahora que nadie corre peligro, siguen abriendo los armarios de su intimidad sin ningún pudor. Encarna era perversa, probablemente. Pero también una mujer que luchó duro en un mundo custodiado por los hombres. Se fue llevándose una mochila de silencios eternos. Me pregunto hasta qué punto tenemos derecho a levantar su lápida. Lo más desolador es que en estas tertulias también hay mujeres que colaboran para comentar el perfil de otra mujer a la que no permitieron vivir lo más íntimo de su vida en libertad. Mientras sigamos colocándonos grilletes a nosotras mismas, nuestros gritos solo servirán para hacernos selfies en las manifestaciones.

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Mila Ximénez

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