Terelu saca libro, y yo tengo sensaciones contradictorias. Por un lado, y ella lo sabe, celebro cualquier proyecto que le venga bien, personal o profesionalmente. Por otro lado, me apena vivir en la distancia esto. Pero será así. Me consta que nos echamos de menos. Pero también que volver a ser las de antes, es un recorrido difícil.

Ella saca pecho, por su gente. Y yo, por mi crédito. Podría haber sido más sosegada en mis críticas, pero eso mataría una parte de mí, que en otras ocasiones ella ha abrazado y aplaudido. Me gustan los debates donde gano, y aprendo de los que soy incapaz de argumentar a mi favor.

Este no es el caso. Y eso me produce un revoltillo, que me está agujereando el estómago. Pero no tengo capacidad de ceder el paso a las trampas y la soberbia.

Las Campos se han puesto en la meta de salida del desnudo mediático. Y eso las aleja del abrigo al que estaban acostumbradas.

Carmen era el miembro de la familia que huía del foco, o eso parecía. Y ese anonimato la alejaba de la crítica. Pero parece que ha optado por unirse a la cofradía televisiva. Y está en su derecho. Desde aquí, le deseo suerte.

La misma que necesitaremos Terelu y yo para compartir de nuevo esas noches cargadas de risas y complicidad. Eso siempre quedará ahí.