Rocío Carrasco

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3 de febrero de 2018, 11:55 | Actualizado a

Rocío Jurado murió hace 11 años y desde entonces la saga familiar no ha hecho más que sumar episodios a cual más retorcido. Su hija biológica, Rocío Carrasco, centra todas las tramas y cada una de las personas relacionadas con ella tiene su propia historia y, lógicamente, su propia versión de un desgarro familiar que afecta a los Flores (Antonio David, Rocío y David); a los Mohedano (Amador, con su propia historia con Rosa Benito, Chayo, Gloria y José Antonio); los Ortega Cano (el torero, Gloria Camila y José Fernando) y la Mosquera (Raquel). De la relación de Rocío con los Carrasco se sabe poco, excepto la aparición de un hermano de su padre como padrino de su boda con Fidel Albiac.

Puestos todos en fila, no son todos contra una, sino una contra todos. Tomados uno a uno, sería posible que Rocío Carrasco tuviera razones para haber roto relaciones con alguno de sus tíos, o con el viudo de su madre, con la viuda de su padre o con su ex marido, aunque siempre resultaría incomprensible el alejamiento de sus hijos. Es cierto que la herencia de Rocío Jurado, que tan medida estaba y que favoreció claramente a su hija biológica, provocó las desavenencias con los Mohedano debido a que Rocío Carrasco no se conformó con ser la heredera universal y quiso ser la galáctica. José Ortega Cano y los hijos que adoptó junto a la cantante salieron pronto de la vida de Rocío Carrasco; a Gloria Camila y José Fernando nunca los consideró sus hermanos y al torero le toleró mientras vivió su madre pero le apartó definitivamente de su vida en cuanto la cantante dejó este mundo.

Ya había hecho lo mismo con Raquel Mosquera, la viuda de Pedro Carrasco, a quien dejó prácticamente en la calle una vez muerto el exboxeador. Hace solo unos días Raquel, siempre tan excesiva incluso en su desbordante humanidad, recordaba que a los pocos días de la muerte de su marido se vio en la tesitura de firmar un acuerdo para repartir las propiedades de su marido, quien muerto repentinamente con solo 57 años, no había hecho testamento. Parece obvio que a la hija, a quien tarde o temprano habría vuelto el usufructo del piso del que Raquel podría haber disfrutado, no le tembló el pulso a la hora de mandar a sus abogados a instar a la viuda, que como se ha comprobado después tiene momentos de ausencia, a firmar cuanto antes. La colección de los trofeos de Carrasco fue la moneda de cambio y Raquel se quedó las copas, los cinturones de campeón y demás objetos, además de las deudas contraídas por el matrimonio, y Rocío el resto. Tenía derecho como hija, pero esa fue la primera muestra de cómo se las gasta y recordar, también, que cuando Pedro murió, Rocío madre aún vivía.

No hablemos del interminable conflicto y drama para todos los protagonistas, incluida Rocío Carrasco, referente a la ruptura con sus dos hijos, Rocío y David.

Ahora a Rocío Carrasco se le abre una oportunidad para empezar a cambiar el sesgo de su biografía. La alcaldesa de Chipiona, Isabel Jurado (pariente ¿quizá?) ha pedido a la hija de la cantante que autorice la apertura del museo que honrará la memoria artística de Rocío Jurado en el pueblo que la vio nacer y donde está enterrada. El museo, en el que estuvo implicado Amador Mohedano y cuya gestación estuvo plagada de irregularidades, parece haber limpiado los escollos administrativos, pero falta la firma de Rocío Carrasco, la única que puede poner en marcha el proyecto. Rocío Carrasco tiene la llave de la apertura del museo que también puede suponer abrir, de una vez por todas, la puerta del camino de su redención.

P.D. Por cierto, no estaría mal que Raquel Mosquera cediera los trofeos que ganó el boxeador a algún museo del deporte. Eso coronaría su historia de amor con Pedro Carrasco, sin duda.

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