Corte y confección

Arantxa Sánchez Vicario no tiene ni quien le diga "ya te lo decía yo"

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17 de febrero de 2018, 14:04 | Actualizado a

Lo peor que se le puede decir a uno que reconoce haberse equivocado es “ya te lo decía yo”, pero aún es peor que nadie te haga ese reproche. Es lo que le puede pasar a Arantxa Sánchez Vicario a quien, según una información que publica el suplemento LOC, la acaba de dejar su marido, Josep Santacana, compuesta, sin dinero y sin familia. La historia de la tenista más laureada de la historia del deporte español y el autodenominado empresario no pudo empezar peor, ya que la familia Sánchez Vicario encargó un informe a una empresa de detectives de Barcelona para demostrar a la enamorada tenista que su pretendiente no era de fiar. A pesar de las presuntas evidencias (es una contradicción, lo sé, pero por si acaso); Arantxa siguió adelante con su idea de casarse con Santacana y eso, básicamente, provocó la ruptura con sus padres y hermanos.

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La pareja se casó en 2008 y la tenista reconoció que aunque había parte de verdad en la investigación que habían encargado sus padres, su novio ya le había confesado sus deudas y otros desaciertos económicos. Ella lo entendió y, según algunas fuentes, se ocupó de las deudas para empezar juntos una nueva vida limpia de secretos. No aceptó, sin embargo, los consejos paternos de que estableciera claramente un control sobre su patrimonio impidiendo que Josep Santacana pudiera acceder a sus bienes; es más, Arantxa, cuyos ingresos deportivos había gestionado siempre su padre, Emilio Sánchez, le retiró de esas funciones y colocó a su recién estrenado marido.

En un primer momento, parecía que la decisión de Arantxa era la correcta y más cuando se descubrió que la gestión del padre había sido desastrosa al revelarse unas inversiones que resultaron ruinosas. Esa cuestión envalentonó a la tenista quien, animada por su marido, denunció a sus padres y hermanos. Ciertamente Emilio Sánchez había errado en la gestión de patrimonio de su hija y para tapar el desastre se había endeudado aún más, pero también lo es que, según todas las personas que conocían el asunto, el padre de Arantxa nunca quiso timar a su hija. Es verdad que tanto el padre, en los asuntos económicos, como la madre, Marisa Vicario, acompañando a su hija en todos los torneos, habían convertido a la joven tenista en una persona totalmente dependiente sin control ni de su vida, ni de su dinero, solo pendiente de darle a la pelota.

Su primera caída del caballo llegó en el año 2000, cuando tenía 28 años, con su primera boda con el periodista deportivo Joan Vehils, un matrimonio que, apenas duró un año, sin que nunca se hayan sabido los motivos exactos de la ruptura. En cualquier caso, Arantxa ya no volvió al seno paterno, empezó a vivir de modo independiente iniciando relaciones sentimentales con dos de sus entrenadores, Antonio Hernández y Javier Ruiz, hasta que en 2007 la tenista conoció a Josep Santacana en una fiesta en Ibiza y al año siguiente, contra viento y marea, se casó con él.

La ruptura con su familia y la acumulación de deudas hizo que Arantxa vendiera sus casas en Esplugues (junto a la de Shakira y Piqué) y en Formentera y se fuera con su marido y sus dos hijos, Arantxa y Leo, a vivir a Miami. De allí volvió para asistir a la agonía y entierro de su padre, que vivió los últimos años aquejado de alzhéimer, un episodio grotesco que acabó con la expulsión de Josep Santacana del tanatorio tras un enfrentamiento con los hermanos de Arantxa y con ella también en la calle al salir en defensa de su marido. Poco se supo de la pareja hasta conocerse el hasta ahora último capítulo en que, una vez más, Arantxa, la que ganaba todos los partidos, aparece como perdedora.

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