Tiene OT 2020, como ocurría con sus predecesores, un importante problema con el jurado. No es una novedad pero el asunto empieza a coger ya ciertas dimensiones. Claro que el éxito de la edición, al lado de fenómenos tan masivos con ‘La isla de las tentaciones’, coge cierta perspectiva. ¿No será que algo no termina de funcionar, sobre todo en la parte más televisiva de todo esto? Es una pregunta que resuena constantemete y a la que nadie quiere hacer frente. Ni incluso cuando el ‘problema’ persiste.

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No pasa una semana sin que un miembro del jurado del programa deba dar un paso atrás. También nos encontramos en un momento complicado socialmente hablando. El público objetivo de 'OT' es el gran usuario de las redes, donde sí cada semana la Academia acumula miles de reacciones, y eso marca el devenir del show quieran o no. Cualquier detalle, cualquier frase se somete a un desproporcionado debate que acaba llevándoselo todo por delante. Despertar reacciones es el cometido de todo programa pero parece que 'OT' debe bailar el son que marcan los fans en twitter a riesgo de despertar un boicot y así, sinceramente, cuesta trabajar.

Cuestión distinta es que miembros en activo y remunerados por la productora y la cadena -sea esta remuneración como sea, conste mi ignorancia en el tema- sean incapaces de saber qué está pasando en su propio programa. Un poco de diligencia laboral no estaría mal. ¡No puede ser que el jurado desconozca qué ocurre en su propio programa! No puede ser que un miembro del jurado afee que un concursante baje el tono de una canción y tenga que decirle este que es que estaba mal de la garganta. ¿No deberían haber he echado, no sé, un ojito antes de lanzarse? Esto, quieran que no, viene con su sueldo.

Claro que el problema ha terminado de asentarse con la -espléndida- aparición de Ruth Lorenzo. La cantante ocupaba el puesto de Natalia Jiménez después de que esta se ausentase ¿para insultar a los fans desde Costa Rica? Pues también, pero parece que es por motivos profesionales. Ruth Lorenzo llegó, vio y venció. Los espectadores se postraron a ya pies y pidieron a gritos que se quedase para siempre valorando. Y no les faltó razón. Ayer Ruth hizo lo que tiene que hacer un jurado y sin meteduras de pata ni frases sin sentido.

Lorenzo reconoció no haber podido ver todas las entregas pero llegó con los deberes hechos. Algo tan sencillo como ver los pases de micro y atender a las recomendaciones del profesorado. ¿Tanto cuenta? No queremos que el jurado se entere de los líos amorosos de los participantes pero tendrán que saber cómo ha sido su semana musicalmente hablando. Y para cubrir eso tampoco es necesario creerse la víctima de un complot y cargar contra los espectadores. Si uno no hace su trabajo, tendrá que venir alguien a decírselo. Porque no olvidemos que Risto hacía su trabajo y lo hacía muy bien. Levantó él solo un formato que flojeaba. No es poco. Ahora nos tenemos que conformar con el ‘ardan perras’ de Natalia Jiménez. De verdad, ¿qué hemos hecho mal?