Pocas cosas pueden cambiar en una semana de concurso. Al menos, claro, a estas alturas. Tres meses llevamos viendo las aventuras de un grupo de famosos encerrados en una casa -o un búnker, o directamente en el jardín-. Discusiones, enfrentamientos, bailes, pruebas, también risas y hasta amistades que parece que van a continuar una vez se termine de repartir la suerte. El voyeur que todos llevamos dentro se lo ha pasado, reconozcámoslo, como un enano. ¿Hay algo más disfrutón que asistir al enamoramiento y posterior decepción de dos personas que ni siquiera se conocían? Sufrimos por ellos pero también nos sentimos un poquito identificados. Ay, quién no se ha entregado a la locura de un amor inesperado con un apuesto italiano de fino bigote, ¡quién!

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Ha querido la audiencia, por mucho que esto moleste a parte de los espectadores que cada día se sientan delante del concurso, encaminar la final de esta séptima edición con un enorme tino. Poco a poco, ha ido desprendiéndose de aquellos que agotaban sus estrategias o desestabilizaban en exceso para centrarse en armar un desenlace donde el buen rollo y el compañerismo han dado una estupenda lección. No es la primera vez. Ya ocurrió en el anterior ‘GH VIP’, con una Miriam supervitaminada que acabó despertando el cariño de sus compañeros de final. A ver si, en Guadalix, lo que reina es el amor y no los conflictos.

Alba Carrillo, Mila Ximénez y Adara son, sin duda, justas finalistas de la edición. Por mucho que el maletín, pese o no pese, ya tiene un nombre. A lo largo de mi acreditada trayectoria como vidente -¡hola Joao!- no he logrado acercar ni uno de los premios de los realities pero esta vez parece complicado equivocarse. El cambio y la evolución de Mila y Alba en la casa ha sido exponencial y muy satisfactoria. Han pasado de superar sus miedos y bloqueos a darlo todo y entregarse al concurso al máximo. Han callado todas las bocas posibles de los que invertían tiempo criticándolas a través de redes sociales. Sí, pero el trofeo esta vez va a ser para Adara. Y bien merecido.

GH VIP ha sido la aventura de Adara. La ex gran hermana volvía a la que fue su casa con un exnovio en el trastero, el nuevo amante de su exnovio en la casa, un marido aparentemente idílico y un bebé tan pequeño que tenía que frenar su mente para poder seguir concursando. Con el encierro llegaban los grupos, las dudas, los cambios y un italiano que, de repente, conquistaba su corazón. ¿Qué más se puede pedir? Pues que aparezca su actual pareja, su potencial novio e incluso su madre y todo termine explotando por los aires. Y en el centro de todo, Adara. Negar la evidencia sería un error.

Adara ha vivido el concurso sin subterfugios. Ha cambiado de opinión, se ha equivocado, ha desconcertado y se ha dejado llevar. Ha apoyado a quién lo ha necesita, se hubiese llevado bien o mal antes del conflicto. Ha sabido rectificar, ha encontrado un grupo de nuevas amigas con las que ha compartido más vivencias que con nadie y ha aguantado el peso de las tramas con notable entidad. Si esto no es suficiente para premiarla con un maletín, ¿qué más necesitamos? ¡Si el romance con Gianmarco ha sido la comidilla de todo el país durante los últimos días!

No puedo irme sin decir que tanto Mila como Alba podrían ser las ganadoras sin ningún tipo de problema. Empezaron con demasiada cautela pero han sabido cambiar de rumbo en cuanto han entendido el mensaje. Han vivido la casa, han sostenido las galas y han creado tramas más que necesarias. Aunque, claro, ante una Adara en estado de gracia… poco se puede hacer.