Ha vuelto Maestros de la Costura en estado de gracia. Un programa sobre gente cosiendo, que ya tiene mérito. Porque cantar, bailar o cocinar es algo con lo que todo el mundo puede llegar a sentirse identificado, aunque sea por los gorgotitos en la ducha o la tortillita hecha así casi sin querer, ¿pero coser? ¿Quién enhebra aguja a diario? ¿Quién marca patrones y deja el centímetro de costura? ¿QUIÉN REMALLA? Pues nadie que yo conozca y, aún así, el programa funciona a la perfección. Tengo yo un botón así suelto en el abrigo y solo estoy deseando reforzarlo. No digo más.

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La fórmula del éxito, como ocurre con 'MasterChef', no es complicada de adivinar. Perfiles carismáticos -nunca los vestidores de las Vírgenes habían estado tan demandados-, pruebas vistosas, interacciones con la cámara a modo de confesionario y un jurado que ha logrado encajar y llegar al gran público. Salgan a la calle y pregunten por Palomo o María Escoté. Lo de recuperar a Caprile ya era una baza mucho más segura. Histronismo, seriedad y una habilidad con la profesión que da empaque al resultado. ¿Tan complicado resulta entender que el jurado marca el ritmo? Que se lo comenten a OT…

Una aspirante china que se autoparodia todo el rato, una deportista en activo que coser, no cose, pero no se la pierdan, una señora obsesionada con las gallinas -ella sabrá-, David aka Stella Winters, diseñadora y estrella total, el ya clásico camarero de la virgen, un heavy y el autor de uno de los vestidos ¿plagiados? de Pedroche. Si con este circo de tres pistas no formas un buen show es que algo está pasando. Yo ya advierto que voy con David y con Joshua. En el concurso y en la vida. ‘Viva los gays’ como leitmotiv.

Por el momento, las novedades de la tercera edición son más bien escasas. Raquel Sánchez Silva conduce el asunto con solvencia y tal vez demasiada mano firme -puede que sea cosa del montaje, claro-, el jurado se mueve con más soltura y la mecánica no promete sorpresas. Total, si funciona, ¿para qué cambiarlo? Ahora, la factura de Maestros, como ocurre con MasterChef -comparten productora-, es excelente. Y en los tiempos de precariedad a los que nos enfrentamos, se agradece. ¿Lograré coserme el botón? Voy a llamar a Joshua por si me puede dar unas clases.