El gran éxito de Veneno es la capacidad de remover sin que se note que lo está haciendo

Veneno

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Domingo de confinamiento en casa. No debe existir una circunstancia mejor para estrenar el primer, y de momento único, capítulo de 'Veneno', la nueva serie de la factoría Javis. Claro que también hay que ser visionario para imaginar que nos encontraríamos en una situación así cuando se anunció la fecha de lanzamiento. Posiblemente, nunca hayamos necesitado tanto el entretenimiento como ahora. Aunque esto suponga dejarnos con la miel en los labios hasta dentro de ¿unos meses? Ojalá la espera -y el fin de la cuarentena- se nos haga más corta de lo que pensamos.

Reconozco que tenía mis dudas y miedos acerca de este biopic fragmentado de Cristina la Veneno. Alimentados, en gran parte, por los muchos rumores, globos sonda y vaivenes que ha experimentado el proyecto a lo largo de su -eterna- confección. Han sido tantas las informaciones que han ido llegando que uno empieza a tener una inevitable inquietud. ¿Qué van a hacer? ¿Cómo lo van a plantear? ¿Tendrán a la persona perfecta para encarnar a un mito tan potente como La Veneno? También es dejarse llevar por la incertidumbre sin demasiado sentido, lo sé, ya que teniendo a Valeria Vegas, autora de la biografía en la que se basa la serie, en el equipo, nada podía haber salido mal.

Intentar valorar una serie teniendo entre manos un único capítulo es una tarea complicada. También lo es callarse y esperar a que esté toda emitida para ponerse a pontificar. ¡Cómo resistirse a opinar cuando todo twitter estaba en ello ya! Veneno logró ser ayer, como ya lo fue Paquita Salas, convertirse en un fenómeno, en un evento en el que había que estar, y ya solo eso es un éxito. Sobre todo cuando hablamos de una plataforma online, de pago -aunque el primer mes es gratis- y en un ámbito tan concreto como el que rodea a Cristina La Veneno. ¿Quién recuerda, a estas alturas, el Mississippi? Pues aquí un servidor y, por lo que parece, mucha más gente.

Tiene Veneno el encanto de la nostalgia de lo no vivido, de lo que creímos soñar por medio de otros. Nunca fuimos aquellos que estuvieron en la Valencia de los 2000 sorteando bakalas mientras buscaban a la estrella caída en desgracia. Tampoco fuimos los que nos colamos en los entresijos del late night que marcaría el punto de inflexión de la televisión de los noventa. Como tampoco fuimos los que llegaron a conocer a Cristina detrás de La Veneno. Lo podíamos intuir, sí, nos podíamos hacer una idea, pero tan solo asistíamos al espectáculo desde el sofá. O sorteando las restricciones paternas para empaparnos de aquel '¡digo!' que poblaba hasta los patios de los colegios.

Veneno

Puede que La Veneno no fuese ejemplo de nada. Tampoco lo pretendió nunca. Puede que la vida de las prostitutas del madrileño Parque del Oeste no fuese como aparece retratada en la serie. Como también puede que el piso que compartían Cristina y Paca no fuese como nos lo muestran en la ficción. Ni su historia, ni su pasado, ni desde luego su futuro. Pero sí lo fue el compañerismo en la miseria, las ansias de sentirse querida, las dudas sobre la identidad, la búsqueda desesperada de la salvación. Y es ahí donde Veneno acierta de pleno.

Posiblemente el gran éxito de Veneno sea la capacidad de remover sin que se note que lo está haciendo. Asistir a un producto de factura perfecta, con planos que justifican dignamente su emisión -la aparición de Cristina, iluminada por los focos de los coches, podría abrir cualquier película-, de interpretaciones que sobrepasan incluso a los originales, de guiños a un pasado común que hacen que estés pendiente de cada parte de la pantalla -y seguramente te dejes mil detalles- es la excusa perfecta para pensar que esto no es más que otra serie. Un envoltorio perfecto del que disfrutar pero del que resulta difícil salir indemne.

La brutalidad de la Cristina madura, las miradas de los transeúntes a su paso por Valencia, las dudas de Valeria, Paca La Piraña convertida en la mejor robaplanos que podían encontrar, el enorme parecido de la Cristina en la era Mississippi, Lola Dueñas, sobre todo Lola Dueñas, la vuelta de Jordi Vilches, el backstage del programa con su Nuria Bermudez y su resaca del caso Alcàsser, el álbum de fotos, la alargada sombra de Rocío Jurado y ese hilo narrativo que intercala pasado y presente y al que, sí, se le podría quitar algún momento en off.

Intentar encontrar en Veneno el sello de autor ajeno a los Javis es, además de un objetivo un tanto absurdo, una tarea en vano. Si Veneno funciona es precisamente por los Javis. En su mano está que muchos de los que ayer se sentaron a ver el estreno se hayan quedado con ganas de más. Si en algún momento temí por la memoria de La Veneno, ahora tengo clarísimo que nadie hubiese estado más encantada con la serie que ella. Esto va por Cristina y otras tantas y por los injustos que siempre fuimos con ellas.

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