Desolado. Devastado. ¿Destruido? Pues un poco también. Lo lógico cuando hablamos de una de las peores noticias -televisivas- que podríamos encontrarnos. Divinity ha anunciado, por sorpresa, el fin de ‘Cazamariposas’, oasis total en este mundo de seriedad y corrección y uno de los programas que más ha sabido adaptar, evolucionar y transformarse hasta crear escuela. Cualquiera que disfrute sentándose a ver la tele, sea en su casa, en el metro o por la calle -hay gente para todo- no podrá más que lamentar este inesperado y triste final.

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Reconozco que tuve que consultar si lo que leían mis ojos era cierto. Y sí, desgraciadamente lo es. Parece que el próximo 14 de febrero, día de San Valentin, será el último en emisión [finalmente verá su fin el próximo día 7 de febrero]. Una bonita metáfora de lo que ‘Cazamariposas’ ha supuesto para la crónica social, los personajes del corazón, el humor y la creación de vídeos-icono que ya forman parte de la cultura popular, como en su momento lo fue el de Eva Zaldívar y la puerta o el reciente ‘Estefaníaaa’ de Christofer. Oro puro.

'Cazamariposas' empezó ortopédico y encorsetado. Se benefició del auspicio de Divinity, una canal sin la presión de las principales cadenas, para poder crecer y cambiar. De la Asamblea fashion, auténtico germen de lo que sería después, pasaron a renovar el tono, el plató y la forma de interactuar con el espectador. ‘Cazamariposas’ fue -bueno, todavía es- hijo de su tiempo ¡y menos mal! Heredó la mejor tradición del Tomate y supo mirar de tú a tú a programas de primer orden. Basta ver la última promo, con Nuria y Nando corriendo y enumerando sus éxitos, para darse cuenta.

Las locuciones de Germán y su salto a pantalla repleto de disfraces imposibles -¡y sus canciones! ¿Qué haremos sin ellas?-, la incorporación de Fran y su bigote, tan timidín de entrada y tan poco luego, los vídeos de Irina recuperando el auténtico espíritu que arrancaron Jorge Javier y Carmen Alcayde, Adriano que dejó la filosofía a la primera de cambio, la desaparecida Eli, un equipo que fue cambiando de hora, día, doblete y lo que le echaron, ¡los colaboradores!, y, como dicen las folclóricas, seguro que me dejo a mucha gente por el camino.

Nando y Nuria, cabezas visibles delante y detrás de las cámaras y alma del programa, pueden cerrar esta etapa más que satisfechos. No solo han cumplido con creces su misión, sino que se han posicionado como valores en alza -parece que ya hay proyecto en marcha con Nuria como protagonista-. Han disfrutado, se han reído, también se han desnudado -incluso literalmente- y han conectado con los que bailaban en la parrilla a la espera de la sintonía. Los finales, sin duda, siempre son tristes. Este no podía ser menos. ¡Repesca ya!