No tenemos Supervivientes, no tenemos Deluxe, no tenemos nada. Bueno, sí, ¡menos mal que tenemos Ven a cenar conmigo! El verano se ha convertido en algo menos tedioso -sobre todo para aquellos que nos quedamos sin vacaciones- gracias a la inteligente decisión de hacer saltar la edición Gourmet del programa de cenas a Telecinco. Así uno ya puede afrontar el martes con otra cara, con otro ánimo, con otro interés.

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Obra y gracia de Loles León, Rosa Benito, Irma Soriano y Belinda Washington, la última entrega de Ven a cenar conmigo forma ya parte de la historia de la televisión. Y no exagero fruto de no pegar ojo por las noches. ¡Nada de eso! A ver su si el hojaldre naciendo del huerto de Chayo Mohedano no es mérito más que suficiente para lograrlo. Claro que recuperar a una Rosa Benito en estado de gracia también lo es. Este ha sido, otra vez, su momento.

Si hasta ahora habíamos asistido a combinaciones de vips más que curiosas -mención especial a la entrega con Lucia Etxebarria-, lo de Loles, Irma, Belinda y Rosa está por encima de todo. De repente, se ha creado una alquimia capaz de generar una bronca y un delirio en cosa de cinco segundos. De saltar del evangelio de Irma al tuppersex de Belinda y quedarse tan tranquilas. ¿Puedo nombrar ya el ‘dedo, dedito, dedo, dedón’ de Paquita Salas? Cómo está la Washington últimamente..

El trabajo que hay detrás de cada entrega de Ven a cenar conmigo, tanto la de anónimos como la de famosos, debería ser tomado muy en cuenta por aquellos que pretenden dedicarse -o se dedican- al entretenimiento. No solo han dado un giro a un formato que ya conocíamos, sino que han logrado hacer de la parodia, la repetición y el gag su mejor arma. Ello unido a la impecable locución de Luis Larrodera. Solo deseo que su voz en off me acompañe cada día. Eso y el ‘Totana’ de Bárbara Rey. No pido más.

Espero que, para septiembre, Loles, Rosa, Irma y Belinda tengan ya una oferta sobre la mesa para hacer su propio programa. Sería el reconocimiento perfecto a la labor desempeñada. Se lo deben a ellas. Y a nosotros, los pobres telespectadores de los meses de verano. La verdadera resistencia.