'Cazamariposas' empezó algo ortopédico pero despegó en cuanto comenzaron a tomarse muy poco en serio

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Cuando Nuria Marín y Nando Escribano se pusieron al frente de ‘Cazamariposas’, hace ya seis años -cumplen tal día como hoy-, no terminé de verlo como una opción a tener en cuenta. Como vidente, desde luego, no tengo precio. No solo el título del programa me resultaba algo desconcertante, cosa que, en realidad, está muy bien, sino que no acababa de ver el funcionamiento del asunto. Claro que parieron la Asamblea Fashion y eso fue un punto a tener muy en cuenta. Cazamariposas empezó algo ortopédico, con una estructura encorsetada, pero despegó en cuanto comenzaron a tomarse muy poco en serio a ellos mismos. Que es lo que, de verdad, nos hace falta.

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Seis años después, han logrado no solo crear su propia marca, sino terminar exportándola. No hay ahora mismo un programa que edite y locute mejor sus vídeos. Cada día crean pequeñas obras de arte dignas de estar expuestas en el mejor de los museos, al lado del vídeo de la puerta de Eva Zaldívar, la presentación de Inma Contreras en Gran Hermano o la llegada al palafito de Loly Álvarez. Esa es la clase de muestra que podría comisariar con la cabeza bien alta y el orgullo de estar haciendo cosas por y para la humanidad. Aplauso. Todos en pie.

Tanto Nando como Nuria, lo mismo que Germán o Sergio, han crecido delante de nuestros ojos. Son nuestros pequeños hijos a los que nos ha tocado destetar y lanzar a la calle a buscarse la vida. Y no les ha ido mal. En una época en la que tenemos todo visto, en la que la televisión vive permanentemente de reciclar formatos antiguos y rescatar presentadores del olvido, Cazamariposas ha dado con la clave para formar una cantera de presentadores y colaboradores que, al tiempo, acabarán siendo los que llevarán las riendas de los próximos años. Claro que como esto siga mis mismas dotes de vidente… Apañados vamos.

Como ocurre con Sálvame, parece que no hay fecha de caducidad para el formato Cazamariposas. No solo es el pilar que sostiene gran parte del funcionamiento de Divinity -con todos sus bailes de duración, horario y formato, que ya les vale-, sino que sirve como muleta de espacios como el propio Sálvame o Supervivientes. Sus épocas de duro enfrentamiento con los colaboradores estrellas de Telecinco hacía presagiar un intento de rescatar el espíritu Enemigos íntimos, pero parece que eso, por suerte, se ha quedado en Viva la vida.

No me atrevo a aventurar si quedan otros seis años por delante para la factoría encabezada por Nuria y Nando. A saber dónde y qué estaremos haciendo. Lo que sí tengo claro es que, a este ritmo, presentadores y reporteros acabarán estando tan jóvenes que ni siquiera les reconoceremos. ¿Pero qué ocurre en el plató de Cazamariposas para que, cada vez, luzcan más lozanos? ¿Es la energía absorbida a los colaboradores defenestrados? ¿Es algún tipo de ritual secreto realizado antes de entrar en antena? ¿Todo viene del truco del blanqueamiento dental de Nuria? Me intriga y me desconcierta. Y me da envidia. ¿Se nota?

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