Hemos sido injustos con las Campos. Tal vez ha llegado el momento de reconocerlo. No pasa nada, es lo suyo. Durante años, María Teresa y sus hijas Terelu y Carmen han estado sometidas a un análisis exhaustivo. Han sido cuestionadas, criticadas e incomprendidas. Han sido puestas en entredicho, acusadas y vilipendiadas. Y todo por haber optado por un silencio sin fisura alrededor de una persona de su máxima confianza. Una amiga, una hermana, casi una hija. ¿Acaso no haríamos todos lo mismo por un ser querido? Pues a las Campos no se les ha perdonado. Ahora, con la emisión de ‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’, todo ha ido tomando su lugar. Hemos empezado a ver qué estaba pasando y lo hemos hecho con un nudo en el estómago. La historia de Rocío Carrasco es tan desgarradora que a nadie debería caberle duda alguna -los negacionistas a los que tanto se dirige Carlota Corredera-. Años de dolor y sufrimiento que sus íntimos comprendieron y respetaron. ¿Cómo no hacerlo? Sin duda, las Campos nos han dado a todos una lección.

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No han sido pocos los que, en las últimas semanas, han reconocido el buen hacer de María Teresa, Terelu y Carmen con todo lo que ha rodeado a Rocío Carrasco. Lo fácil, en todo caso, era posicionarse al lado de Antonio David y alabar las virtudes paternales del ex guardia civil. Lo fácil también, en el caso de las Campos, era dar un golpe sobre la mesa y exhibir una serie de pruebas de las que ellas eran conocedoras en primera persona. No lo hicieron. Ni siquiera en el fragor de la batalla, cuando todo es más complicado de contener. Durante años callaron. Prefirieron inmolarse antes de traicionar la confianza de la persona que siempre ha estado a su lado. Y lo peor es que no nos pareció bien. ¡Cómo recordarlo con todo lo que está pasando! Qué difícil es juzgar en pasado sabiendo lo que ha acontecido en el presente. Y qué generosidad la de las implicadas, que ni ahora han entonado un ‘os lo dijimos’. Simplemente han dejado que sea Rocío la que cuente su historia.

Las Campos entendieron que no eran las protagonistas de la historia y nunca iban a poder serlo. Sabían que no les correspondía y actuaron en consecuencia. No les importó lo que se dijo de ellas, no les importaron los calificativos ni las confrontaciones, no les importó nada. Tenían de su lado algo mucho más trascendental. Tenían la amistad. Tenían el cariño de quien ha sido capaz incluso de renunciar a su vida por sus hijos. Resulta curioso como han tenido que pasar varios episodios de un documental para que nos diésemos cuenta. Claro que el testimonio de Rocío Carrasco lo ha cambiado todo. Queramos o no, nunca volveremos a ser los mismos de antes de ‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’. Con suerte y aunque nos cueste, al menos seremos mejores. Eso que habremos ganado.