¿Qué hubiese sido de la segunda edición de 'La isla de las tentaciones' de no haber tenido a Tom y Melyssa? Ahora, ya finiquitada o casi la última entrega del dating, podemos decirlo: aquello fue el horror. Recordar la trama de Rosito es darte con la cabeza contra la pared a ver si así mitigas la incredulidad. Suena exagerado, lo sé, pero es que menuda cruz. Soy incapaz de recordar nada que pasase más allá de la hoguera final entre los futuros supervivientes. La cadena, claro, lo sabe y ha tirado de ellos para buscarse una nueva trama en Honduras. Pero no nos perdamos, vamos al lío. Esta tercera edición de LIDLT que ya termina tiene un nombre propio y no es el de los concursantes, no. Es el de la persona que ha logrado hacerse un hueco en el resabiado corazoncito de los seguidores del programa. Hoy venía yo a rendirme ante el buen hacer de Sandra Barneda. Y eso que no las tenía todas conmigo.

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La presencia apabullante de Mónica Naranjo en la primera temporada dejó el listón complicado para Barneda. Bregada entre debates dominicales, pillar el tono para llevar un programa donde los gestos son vitales -y virales- más allá incluso que las palabras, es complicado. Naranjo hizo suyo lo de "Hay mas imágenes para ti" y cuando fue a decirlo Barneda, pues, la verdad, nos supo a poco. No vi cómoda ni integrada a la presentadora a lo largo de la segunda edición. Puede que fuese solo mi percepción, buscándole tres pies al gato tras la salida de la cantante. Tal vez la novedad, la extrañeza del momento, la falta de rodaje, puede que un poco de todo, hicieron que la nueva presentadora no lograra soltarse el corsé. O tal vez se estaba reservando, sabedora de lo que venía, para esta explosión.

Estas dos últimas ediciones de la isla se grabaron de forma consecutiva pero el cambio de Barneda es impresionante. A lo largo de los intensísimos capítulos de los que hemos disfrutado ha logrado ser la voz y las caras de los que veíamos el programa desde el sofá. Ha sido incisiva, espontánea dentro de lo que se puede, emotiva, crítica y mordaz. Ha logrado frenar a los concursantes con la palabra justa en el momento preciso y, sí, no hay mejor síntoma del buen hacer, se ha convertido en meme noche tras noche. Ahí está el verdadero éxito hoy en los tiempos que corren. Si no tienes tus propios memes, no eres nadie en el show business.

Reconozco que no he sido yo especialmente fan de Sandra Barneda. Es una presentadora solvente, lleva bien los programas, se adapta a los formatos, lo sé, pero en una televisión como la de hoy en día, tan rendida a las emociones en pantalla, siempre notaba que faltaba algo. Deshacerse de esa coraza que inevitablemente interponía con el público -puede que sin darse cuenta- era su tarea pendiente. A Barneda le faltaba vivir su propia isla de las tentaciones, desprenderse de todo y lanzarse, casi literalmente, a la piscina. Y lo ha conseguido. Nadie imagina ya el concurso sin su presencia y eso que el público al que va dirigido y que semana tras semana ha recuperado la costumbre de sintonizar la tele no es el habitual de Telecinco. Conquistarles es todavía más difícil y Barneda lo ha logrado. Creo que a partir de ahora se abre un nuevo periodo en su carrera. Uno donde podremos ver más a Sandra y menos a Barneda. No sé si me explico pero en mi cabeza está clarísimo. En fin, que merece un buen aplauso aunque sea con la manita relajá. A ver qué nos depara ahora el futuro.