“Te quiero”. Eran siempre las palabras con las que Mila se despedía al teléfono. Y, por unos segundos, te hacía sentir la persona más importante del mundo. Nuestra compañera Mila Ximénez ha fallecido un año después de anunciar que padecía cáncer. Hoy nos gustaría devolverle todo ese amor y compartir el dolor de todas las personas, que como nosotros, la quieren y admiran. Este número de LECTURAS ha sido sin duda el más difícil de hacer para todos los que hemos trabajado cerca de ella durante los últimos seis años. Cuesta tanto llegar a querer a alguien y, sin embargo, era tan fácil querer a Mila. Con su humor ácido y sus rabietas ante las cámaras (y su constante autocrítica en privado), podía aparentar un carácter endiablado, pero no he conocido a nadie más vulnerable que ella.

Mila apostó por entregarse en cuerpo y alma a lo que hacía, por la lealtad a los suyos y vivir sin miedo. Ya lo había tenido todo y lo perdió una vez, ¿qué era lo peor que le podía pasar? Así plantó cara a su enfermedad. Recuerdo su pregunta: “¿Por qué me ha pasado esto?” Y mi respuesta: “Eres inmortal, saliste de un infierno peor”. Duele mucho no haber tenido la razón del todo. Aunque una cosa sí es verdad. Mila, ya eres inmortal.

Portada Mila Ximénez