Charlene de Mónaco ha vivido unos últimos meses de lo más duros y complicados. La mujer del príncipe Alberto desaparecía del panorama institucional sin fecha de regreso y, sin apenas informaciones oficiales sobre su estado y su salud, los medios descubrían su refugio fuera del territorio monegasco.

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Poco a poco, la princesa ha ido recuperando su agenda oficial, una agenda compartida con su marido en contadas ocasiones, pero que en cada una de ellas se ha convertido en noticia a lo largo y ancho de todo el mundo: una extraña visita al Vaticano, la tradicional Gala de la Cruz Roja, al que a ella siempre le ha gustado acudir por los lazos que la unen con esta institución solidaria.

Charlene de Mónaco
Palais Princier de Monaco

Sin embargo, siguen siendo muchos los eventos importantes de Mónaco en los que Charlene es la gran ausente: entre ellos, el Baile de la Rosa, la cita por excelencia de su cuñada, la princesa Carolina, quien por una noche se convierte en máxima anfitriona del Principado.

Al convertirse en princesa, la exnadadora sudafricana advirtió que ella "sería una princesa a su manera", con condiciones que la alejaban el máximo posible de los medios de comunicación y, sobre todo, de los compromisos sociales e institucionales del Principado. Una elección que se acentuó con el nacimiento de los mellizos, Jacques y Gabriella, en diciembre de 2014. Fue entonces cuando redujo aún más su agenda y eliminó de su calendario institucional incluso este evento tan importante para Mónaco con el que, hasta este año, se daba la bienvenida a la primavera.

Charlene de Mónaco
Gtres

Un modus operandi que los Grimaldi han aceptado (o se han visto obligados a aceptar) y que, a día de hoy y tras haberse ausentado durante tanto tiempo, Charlene ha vuelto a retomar. Pero... ¿dónde se esconde la princesa cuando los Grimaldi de reúnen?

Todo apunta a que la mujer del príncipe Alberto pasa sus días alejada de Palacio monegasco en Roc Agel, la residencia de verano de los Grimaldi y un enclave muy especial para la familia, ubicada en la ciudad de Peille y con vistas al Principado, donde puede mantenerse alejada de los medios. Fue allí donde pasó el confinamiento junto al príncipe Alberto y sus dos hijos. De esta manera, Charlene se siente cerca de casa pero lo suficientemente lejos como para no ser molestada por los medios de comunicación.