Cristina de Borbón siempre ha intentado mantener a su familia lo más unida posible. A pesar de las desavenencias a las que han tenido que hacer frente y su lucha contra las presiones familiares, la hermana de Felipe VI salía airosa de todo y, una vez más, era capaz de mantener a sus hijos a su lado, eso sí, lejos de nuestras fronteras.

Pero ese nexo parece haberse esfumado y es que el paso del tiempo implica que una madre deje volar a sus hijos. En estos momentos en los que parecía volver a sonreír tras la entrada en prisión de su marido, Iñaki Urdangarin, sus hijos mayores han tomado unas decisiones que directa o indirectamente han traído consecuencias.

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Mientras que Pablo permanece totalmente centrado en su carrera deportiva como jugador de balonmano en Nantes (Francia), Juan ha tomado la determinación de trasladarse a vivir a Madrid con un único objetivo crear arraigo en Madrid para facilitar el nuevo grado penitenciario de su padre.

Infanta Cristina e Irene Urdangarin
Gtres

Estas decisiones han ocasionado una soledad aún mayor en la infanta Cristina, que ha regresado a Ginebra junto a Miguel e Irene, sus dos hijos pequeños que han comenzado las clases en el colegio Ecolint. No está siendo fácil para ella tener la casa tan vacía y a pesar de tener su residencia familia en la ciudad suiza, la hija de los reyes eméritos aprovecha cualquier oportunidad para venir a nuestro país.