Ha sido la anécdota del desfile del Día de la Hispanidad. El cabo primera de las Brigadas Paracaidistas,Luis Fernando Pozo, no pudo aterrizar sobre la calzada del paseo de la Castellana, como estaba previsto, pues un golpe de viento inesperado lo lanzó contra una de las farolas del paseo, a la que se quedó enganchado por las cuerdas del paracaídas.

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El cabo primera, tras este desgraciado accidente, quedó profundamente desolado y eso que se llevó grandes aplausos del público e, incluso, de los propios Reyes y sus hijas, que valoraron el esfuerzo y la dificultad de su acción. Luis Fernando Pozo fue el segundo de los paracaidistas que se lanzó desde 1.500 metros de altura para llevar la bandera que, posteriormente, sería izada en uno de los actos del Día de la Hispanidad.

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Fue tal el congojo del paracaidista que los Reyes pidieron saludarlo al final del desfile, cuando suelen saludar a los altos mandos de los cuerpos que han tomado parte en la parada militar. Y así se hizo. El rey Felipe saludó y tranquilizó al cabo primera, a lo que el hombre respondió con un "Gracias, señor". Después fue la reina Letizia quien trató de consolar al compungido paracaidista que, casi aguantándose las lágrimas, apretaba los labios para no romper en llanto. Incluso los hombres más fuertes y más preparados se sienten a veces vulnerables.

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