Los británicos vivían el pasado lunes 14 octubre uno de sus momentos más esperados: la apertura del Parlamento. Un año más, la reina Isabel II era la encargada de pronunciar el discurso, escrito previamente por el primer ministro, Boris Jonhson. Una ocasión para la que la monarca decidía no llevar la corona imperial a pesar de la tradición.

Desde el año 2017, la reina Isabel II declina utilizar la pieza, que es portada por un miembro de su equipo y ocupa un lugar privilegiado en una mesa al lado de la monarca durante el solamente acto. Un cambio en el protocolo cuya causa es el peso de la corona.

Isabel II

En concreto, la pieza realizada para la coronación del rey Jorge VII en el año 1937 pesa dos kilos y mide más de 30 centímetros, lo que dificulta la movilidad de la monarca. La corona está valorada en 300 millones de euros. Un precio que alcanza gracias a los 2.868 diamantes, 273 perlas, 17 zafiros, 11 esmeraldas y 5 rubíes. Por ello, no es de extrañar que a sus 93 años la reina haya declinado usarla. “Si se baja la cabeza, el cuello se rompería y La Corona se caería”, llegó a afirmar en enero de 2018 sobre la dificultad de llevarla puesta.

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En su lugar, la reina optó por una diadema mucho más ligera que pertenecía a Jorge VI, fechada en el año 1820. Esta pieza, con1.333 diamantes y 169 perlas, fue la que utilizó en el camino a su coronación en el año 1953, antes de ser reemplazada por la coronación imperial.