Hay que retroceder hasta 1986 en Japón. La infanta Elena, como representante de la Familia Real española inauguró una exposición de El Greco. Tras esta acción, la hermana de Felipe VI fue agasajada con todos los honores con una recepción real llena de lujos.

Pero este despliegue festivo tenía un objetivo que no era el de dar la bienvenida a doña Elena. En aquel momento no sabía que su visita al país nipón era la excusa perfecta para invitar a multitud de mujeres solteras para que el príncipe Naruhito, que por entonces tenía 26 años, venciera su timidez y vergüenza y conociera a su futura esposa de una manera más amena.

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Entre todas esas jóvenes se encontraba una inexperta Masako que a sus 19 años estaba recién llegada de Estados Unidos después de haber pasado unos años de estudios en la Universidad de Harvard. A pesar de ser hija de uno de los diplomáticos japoneses más influyentes de la nación el matrimonio con Naruhito la convirtió en la princesa triste por excelencia.

De ahí, que sin saberlo, la infanta Elena fuera una de las protagonistas de la unión de este matrimonio que hoy celebra la entronización por todo lo alto.

Naruhito y Masako