Los pequeños Jacques y Gabriella de Mónaco continúan ganando puntos al frente del Principado. Con la princesa Charlene ausente desde su viaje a Sudáfrica, los mellizos han cogido carrerilla acompañando a su padre en compromisos institucionales y citas de ocio, convertidos en cada evento al que asisten en foco de todas las miradas.

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Jacques y Gabriella de Mónaco, dos pequeños grandes apoyos para el príncipe Alberto de Mónaco

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Y es que las travesuras y simpáticos gestos de Jacques y Gabriella nunca pasan desapercibidos, y en las últimas semanas hemos podido verlos de lo más activos junto al príncipe Alberto. Este domingo los pequeños volvían a aparecer, acompañados de sus primos Kaia Rose y Bodhi Wittstock, en un partido de rugby.

Jacques y Gabriella de Mónaco
Gtres

Los niños se emocionaron y divirtieron a lo grande cuando la mascota del rugby, una gaviota gigante, se acercó a saludarlos al palco. Además de querer tocar el pico de su enorme gran amigo, tanto Jacques y Gabriella como sus primos quisieron tomarse algunas fotografías que dejaron instantáneas de lo más entrañables.

Barbajuan, que así se llama la gaviota, ha sido creada por el diseñador gráfico Richard Molinier y viste camiseta de marinero con rayas rojas horizontales (haciendo honor a los colores de Mónaco) y un sombrero de capitán de barco. El príncipe Alberto ha aprovechado para inmortalizar la jornada con su teléfono, pendiente de sus hijos y sobrinos en todo momento.

Jacques y Gabriella de Mónaco
Gtres

Una escena en la que, una vez más, la princesa Charlene se convertía en la gran ausente a la cita deportiva, como ha sido desde hace más de cinco meses. Por el momento, el único rastro que se tiene de ella es el viaje a Sudáfrica que ha realizado para luchar contra la caza furtiva de rinocerontes, una experiencia que ha compartido con su familia durante unos días al recibir la visita de Alberto y sus hijos.

Tal y como se ha visto en las últimas semanas, Jacques y Gabriella no se separan de su padre y cobran fuerza en su pequeña representación institucional. Los mellizos de seis años han perdido su vergüenza ante las cámaras y se sienten cada vez más relajados y cómodos. Una actitud que van a necesitar según vayan cumpliendo años.