Pocas horas antes de dejarle todo el protagonismo a su hermana Isabella con motivo de su próxima confirmación, el príncipe Christian de Dinamarca acaparaba varios titulares de prensa danesa con motivo de una polémica fiesta en la que se vio involucrado.

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El primogénito de los príncipes Federico y Mary está actualmente estudiando en el internado de Herlufsholm, a las afueras de Copenhague, centro que hace unos días organizó un viaje de alumnos a la nieve, concretamente a la estación de esquí de Val Thorens, en Saboya. Un plan al que el futuro heredero no quiso faltar por su pasión por el esquí y, por supuesto, los planes diurnos y nocturnos con los que se completaba la experiencia con sus compañeros.

El príncipe Christian de Dinamarca cumple 16 años
Det Danske Kongehus

Entre ellos, los estudiantes organizaron una pequeña fiesta en el chalet-hotel la Folie Douce, donde el príncipe danés abrió enérgicamente un botella de champán con la que regó a varios de sus compañeros. Una actitud propia de los chicos de su edad que, de no ser por la grabación que se le realizó y se compartió en redes sociales, no hubiera tenido más importancia.

Como futuro heredero de su país, se trata de una actitud poco apropiada de la que la reina Margarita no debería sentirse nada orgullosa, a pesar de que puede considerarse una actitud propia de su edad. Su posición para con la Corona le exige mostrar respeto y responsabilidad en todo momento.

Christian de Dinamarca
Gtres

A pesar de que la cuenta social en la que el vídeo fue publicado pasó rápidamente de ser pública a privada, ya era tarde y los medios de comunicación no dudaron en hacerse eco de esta inapropiada actitud de un príncipe y futuro rey de Europa.

Desde la Casa Real, la responsable de comunicación no ha dudado en publicar unas palabras para intentar justificar y quitarle importancia a los actos protagonizados por el joven Christian. "Es el modo de comunicación de los jóvenes. Todas las personas son potenciales medios y documentalistas. Un compañero de clase o cualquier otra persona puede tener más impacto que una cámara de televisión. Y nunca se sabe cuándo está encendida. Por lo tanto, debemos tener cuidado con no convertir en un problema algo que, a los ojos de los jóvenes, es normal y aceptable".