Afincada en Sudáfrica desde mayo, la princesa Charlene de Mónaco está pasando una de las peores épocas de su vida, al menos en lo que a su familia se refiere. Son muchos los kilómetros que la separan de Alberto y los mellizos Jacques y Gabriella, pero aún son más los rumores de la que se considera la peor crisis en su matrimonio.

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Con su regreso puesto en el próximo mes de octubre, el príncipe Alberto viajó hasta la tierra natal de su mujer junto a sus hijos para reunir a la familia en una visita breve pero intensa, en la que no faltaron las fotografías para mostrar el tan ansiado reencuentro y sumar a los infinitos esfuerzos que la sudafricana está haciendo para aliviar los rumores de que algo no va bien en su relación con Alberto de Mónaco.

Alberto y Charlene de Mónaco
Gtres

El viaje no fue suficiente para los medios, que tacharon de frías y demasiado artificiales las imágenes en las que Charlene abrazaba a su esposo en Sudáfrica. Por este mismo motivo, y para no abandonar su lucha contra los rumores, la princesa se ha convertido en la vicepresidenta de la Cruz Roja, institución que su marido preside desde 1982 y que guarda una estrecha y muy especial relación con el Principado y la familia Grimaldi. La organización fue fundada por el príncipe Luis II, bisabuelo del príncipe Alberto, el 3 de marzo de 1948.

Incluida ya en la página oficial de la Cruz Roja, Charlene estará afrontando este nuevo cargo al menos hasta 2024, sucediendo así a Philippe Narmino que ha estado al frente de la organización desde 2014. "Charlene está lista para volver", aseguraba el soberano Alberto hace unos días en una entrevista. Un regreso de lo más esperado que parece que será por todo lo alto.