A sus 34 años Carlota Casiraghi ha experimentado un cambio de vida del que parece que no habrá vuelta atrás. La hija de la princesa Carolina de Mónaco, tan asidua a los eventos más glamurosos y multitudinarios tanto del Principado como de un sinfín de rincones de todo el mundo, ha cambiado su vida pública por un recogimiento familiar en el que la Filosofía ha tenido mucho que ver.

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Tal y como ella ha comentado, ahora mismo acudir a una librería es igual que cuando un niño entra en una tienda de golosinas. Ahora como imagen de Chanel, la reconocida marca francesa ha publicado "En la biblioteca de Charlotte Casiraghi", un pequeño vídeo en el que la joven se confiesa adicta a los libros.

Carlota Casiraghi
Gtres

"Nunca me siento culpable por decirme a mí misma que ser adicta a los libros no es tan malo. Como resultado, leí muchos libros al mismo tiempo", reconoce la sobrina del príncipe Alberto de Mónaco. "Siempre quiero comprarlo todo y llevarme todo lo que pueda. Nunca puedo decidir qué libro voy a leer, así que siempre cojo más de uno".

Sin embargo, también reconoce que no todas sus lecturas llegan a buen término. "Me parece un proceso difícil, incluso si es un libro simple. Porque se trata de entrar en otro mundo. A veces no es tan fácil dejarse llevar y tomarse el tiempo para apreciar un libro".

Es innegable observar el tono apasionado que Carlota muestra al hablar de los libros. En cuanto al orden en su biblioteca, la monegasca reconoce que no es capaz de tenerlo todo como debería. "Es muy complicado. Hay montones de libros por todas partes. No es muy ordenado. Por otro lado, no quiero ordenarlos demasiado, porque solo yo sé dónde encontrar algo".

La mujer de Dimitri Rassam forma parte del club literario de Chanel Les Rendez-vous littéraires rue Cambon, admitiendo en la grabación que "si tuviera que elegir tres, diría que tomaría En elogio del riesgo: Una súplica por lo incierto, de Anne Dufourmantelle, que es un libro muy especial para mí".

Carlota Casiraghi
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Además, Carlota se queda con Los Essais, de Michel de Montaigne, que se encuentra entre sus favoritos "debido a que su escritura es tan agradable de leer, es como un paseo. Montaigne me calma", asegura.

A una isla desierta, instintivamente se llevaría los poemas de Emily Dickinson, "en primer lugar porque no he leído todos sus poemas y, en segundo, porque hay algo muy puro en ello".