Mientras que Charlene de Mónaco continúa de retiro lejos del Principado recuperándose de sus dolencias "no solo físicas", tal y como explicaba recientemente el príncipe Alberto, cualquier información sobre ella se convierte en noticia en todo el mundo. Desde sus felicitaciones navideñas, familiar y desde la fundación que lleva su nombre, la exnadadora únicamente ha reaparecido en redes sociales para lamentar públicamente la muerte de su gran amigo Desmond Tutu, premio Nobel de la Paz en 1984.

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Charlene de Mónaco reaparece muy triste tras recibir un nuevo golpe con el que cierra su año más complicado

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Las conjeturas y suposiciones sobre la situación de los príncipes Alberto y Charlene ha dado pie a infinitas teorías entre las que se baraja la que es la mayor crisis de la pareja en sus diez años de matrimonio. Un momento muy delicado tanto para ellos como para los mellizos Jacques y Gabriella, así como para el resto de los Grimaldi que no dudan en ofrecer su apoyo en todo lo que se necesite.

Alberto y Charlene de Mónaco boda
Gtres

Porque la historia de Alberto y Charlene no ha sido nada fácil. Desde el anuncio de su compromiso, se fueron sucediendo una serie de acontecimientos que se remataron el 2 de julio de 2011 cuando, al darse el "sí, quiero" ante la atenta mirada de miles de personas, todas ellas se sorprendían por el llanto que la exnadadora no pudo controlar.

Todo apuntó entonces al intento de la princesa de fugarse del Principado horas antes de su enlace, unas lágrimas que mostraban una frustración oculta por no haber podido "escapar" del futuro que como princesa de Mónaco le esperaba. Una teoría que se ha ido reafirmando con los años debido a las escasas apariciones públicas y compromisos institucionales que Charlene incluye en su agenda, dejando a su marido solo en numerosas ocasiones.

Alberto y Charlene de Mónaco
Palais Princier de Monaco

Una actitud que recuerda mucho a la de su antecesora, Alice Heine, la primera princesa estadounidense de Mónaco (antes que Grace Kelly), quien contrajo matrimonio con Alberto I el 30 de octubre de 1889, casi siete décadas antes de que la actriz entrara en la vida de Rainiero.

Viuda de su primer matrimonio, Alice se casó con el por entonces futuro príncipe a pesar de que el padre de este no aprobaba el enlace. Se convertía así en princesa de Mónaco aportando a la familia un impresionante joyero real, dos hijos -Odile y Armand- y una dote que superó los seis millones de libras.

Charlene de Mónaco
Gtres

A pesar de la popularidad adquirida durante sus primeros años en Mónaco y su don para hacer florecer las ganancias de Palacio, Alice y el príncipe Alberto I se fueron distanciando poco a poco, dejando ver los pocos intereses comunes que existían entre ellos. Unas diferencias que se acentuaban por el poco apoyo que encontraban el uno en el otro.

Mientras que ella era una apasionada de las artes como la música, la danza y la cultura, él estaba centrado en actividades ecologistas como y oceanográficas. Tanto fue así que la pareja decidió hacer vidas separadas en las que no faltaron terceras personas. Fue cuando Alice inició una relación formal con otro hombre cuando el príncipe quiso poner fin a la relación definitivamente, negándole a su aún esposa la entrada en Mónaco. En 1902 se separaron oficialmente, pero nunca se divorciaron, por lo que los Grimaldi jamás devolvieron parte de la dota que la familia de la estadounidense quiso reclamar.

Alberto y Charlene de Mónaco
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Tras rehacer su vida en Londres, Alice se convertía en princesa viuda de Mónaco al morir en 1922 el príncipe Alberto I. Ella falleció apenas tres años después, en 1925.

Una historia con triste final que dejó claras las complicaciones que una extranjera encuentra en el Palacio de los Grimaldi. Un cambio de vida y de prioridades al que no es sencillo adaptarse. Una historia que, aunque no se quiera ver, recuerda en una gran parte a la de la princesa Charlene, por el momento alejada del Principado en el que está siendo su año más complicado y polémico.