La sudafricana Charlene Wittstock llegaba al Principado poco antes de convertirse en princesa tras contraer matrimonio con Alberto de Mónaco en julio de 2011. Fue el 23 de junio de 2010 cuando el palacio monegasco anunció el compromiso entre el soberano y la exnadadora, quienes mantenían una relación de noviazgo desde 2006.

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Así, a sus 33 años, una jovencísima Charlene daba un cambio radical a su vida convertida en princesa de Mónaco; una princesa "a su manera", como ella quiso dejar bien claro, poniendo ciertas condiciones a su agenda institucional y buscando siempre su máxima libertad, así como pasar el mayor tiempo posible junto a sus hijos.

Alberto y Charlene de Mónaco
Gtres

Aún así, Charlene tuvo que hacer grandes esfuerzos para hacerse a su nueva vida: desde marcharse de su país, Sudáfrica, hasta superar las muchas dificultades a las que enfrentan las personas que deciden casarse con un miembro de una familia real. "Es una presión terrible", afirma la especialista en Realeza, Coryne Hall, a Express.

"Cualquiera que sea la familia real, quien sea el forastero, tiene que adaptarse a una forma de vida completamente diferente. Y si vienes de otro país, por ejemplo, como la princesa Charlene y la princesa Grace, deben hacer ajustes aún mayores", explica la escritora. Lo cierto es que la exnadadora sí vivió en Mónaco durante su noviazgo con el príncipe, pero el convertirse en princesa fue un paso más en su popularidad y exposición ante los medios y el mundo entero.

Alberto y Charlene de Mónaco
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No hay duda del fuerte estrés que esto supuso para Charlene de Mónaco, sobre todo en cuanto a las expectativas que había sobre ella de convertirse en la nueva princesa Grace. Según los informes, el propio Príncipe Alberto siempre ha sido consciente de la presión que cualquier futura Primera Dama del principado tendría que enfrentar, llegando a "sentir pena por cualquiera que se convirtiera en la princesa de Mónaco", informó el periodista Joel Stratte-McClure, en The Curse of Grace Kelly's Children de Channel 5.

Desde que se unió a la realeza monegasca, Charlene ha llevado a cabo un extenso trabajo de caridad, centrado en el bienestar de los niños, la conservación y la lucha contra el SIDA. Entre sus actividades sociales, la pasada primavera se embarcó en un proyecto contra la caza furtiva de rinocerontes que ha cambiado su vida debido a la grave enfermedad que allí contrajo y las consecuencias que esta le ha traído, no solo a la princesa, sino a toda su familia.

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Por el momento, Charlene permanece lejos de casa y a la espera de poder recuperarse del todo. Una debilidad que se suma a todas las dificultades a las que se ha tenido que enfrentar durante el último año, así como a las que ha hecho frente desde que se dio el "sí, quiero" con Alberto de Mónaco.