Amaia y Alfred no podían aguantar más las ganas de verse. Aunque no habían pasado ni 48 horas separados, cada segundo alejados fue una verdadera pesadilla ¡qué sufrimiento! ¡qué sin vivir! ¡qué ansiaedad! Estas horas fuera de la Academia para pasar las Navidades con sus respectivas familias, en cierto modo, fueron un castigo…

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No es que no hayan disfrutado de sus padres, abuelos y hermanos, no. Es que en las respectivas cenas no estaba el otro. Ya no se esconden, y los dos no temen mostrar su afecto en público. Por eso, cuando se despidieron todos sufrimos más que viendo a Leo DiCaprio congelarse en el Atlántico mientras que Kate Winslet sobrevivía sobre su (inmensa) tabla. Al reencontrarse los dos se abrazaron, se miraron a los ojos y, sí, ¡se besaron! Y tras el beso, las risas nerviosas. Las mariposas revoloteando en el estómago. La ilusión.

Si un extraterrestre nos preguntase qué es el amor le pondríamos este vídeo en bucle.