Viene al ‘Deluxe’ la tía de Alejandra Rubio. La hermana de Terelu. La hija de Teresa Campos. “Potota”. Perdón, “Cotota”. Vamos, Carmen Borrego. Y viene desprovista de victimismo y llantos de repertorio, lo cual se agradece. Nos cuenta que desde que va a la psicóloga ve la vida de luz y de color, y yo daría lo que fuera por escuchar una de esas sesiones. Teniendo en cuenta que “te pase lo que te pase siempre habrá una Campos que está peor que tú”, esos encuentros entre psicóloga y paciente deben ser la mar de entretenidos. Nada nuevo bajo el sol, por otra parte: nos pensamos que los nuestros son unos problemas con difícil solución y al contarlos ante un profesional nos damos cuenta de la cantidad de tiempo que perdemos con chorradas.

Carmen es contradictoria y peleona, que son dos características fundamentales para convertirte en un personaje que valga la pena. Ha sido muy quejica, pero creo que, afortunadamente, ya ha dejado atrás esa etapa. A ella le pega ser la eterna gruñona, la siempre cabreada, esa mujer generosa y entregada que siente un pelín de resentimiento contra el mundo al no entender cómo la humanidad no se ha doblegado ante sus múltiples encantos. Lo bueno que tiene Carmen es que encaja lo que le echen y tiene una capacidad de olvido encomiable. Y es que ya lo dicen los clásicos: “El secreto para la gloria: buena salud y poca memoria”. Cuidado, que Carmen parece que está despertando. Qué alegría. Echaba de me- nos su dulce voz de marinero bien bebido y ese repertorio de exabruptos que posee y que harían palidecer de vergüenza al legionario más atrevido.