Reír, la terapia más alegre

Si las lágrimas alivian o incluso curan, ¿qué decir de la risa? Bajo su influjo las tensiones se diluyen y algo parecido a la felicidad nos envuelve. Recuperar la facultad o el hábito de reír es toda una terapiaa.

 Reír, la terapia más alegre

28 de abril de 2016, 13:20

No parece que la situación actual que se vive en la sociedad sea para lanzar cohetes al aire y empezar a reír. ¿O sí? De momento, con las perspectivas que hay, muchas ganas no habrá, incluso ninguna, pero los expertos consultados señalan que no hay nada como reír, aunque las circunstancias no acompañen. ¿Sí o sí? Veamos.

Una de las técnicas que utiliza en su profesión Mònica Lapeyra, psicóloga, risoterapeuta y fundadora de Iocus (www.iocus.es), es eso: la risa. Asegura que la risoterapia «combate el estrés y es una herramienta ideal para aprender a gestionar las emociones de manera relajada y tranquila». Enric Castellví, psicólogo, risoterapeuta, fundador de Diverrisa (www.diverrisa.es), también afirma que la risa y el buen humor son excelentes herramientas terapéuticas para mejorar la calidad de vida. «Reír permite enfrentarse a los obstáculos diarios desde perspectivas más creativas y ayuda a las personas a sentirse mejor consigo mismas y con su entorno». Casi nadie cuestiona que reír es saludable. Pero ¿puede llegar a ser tan beneficioso como para considerarlo una terapia efectiva para algunas dolencias? ¿Se puede conseguir hacer reír a una persona que no tiene ganas?

Un bálsamo fisiológico

Tanto Ramón Mora, médico, miembro de diversas asociaciones nacionales e internacionales dedicadas a la investigación y el uso terapéutico del humor y la risa, como Rafael Ubal, presidente de la Asociación Donantes de Risas, explican que en sentido estricto no pueden afirmar que la risa cure de una manera absoluta, pero tampoco dudan de que, en un sentido más amplio, reír es bueno para la salud porque incide a nivel físico y psíquico. Al reír se produce una reducción de la presión arterial y de las hormonas del estrés, aumenta la flexibilidad y la relajación muscular, se incrementa la oxigenación de la sangre, se refuerza el sistema inmunitario y se potencia la producción de endorfinas, vinculadas a la sensación de placer y bienestar, lo que convierte la risoterapia en una buena herramienta para mitigar el dolor de la artritis, el reumatismo, la fibromialgia y otras enfermedades dolorosas.

Revivir con risoterapia

No es una teoría, al menos para algunos pacientes. N.L., una abogada de 40 años que prefiere mantener el anonimato, tuvo un accidente de montaña hace tres años. Le quedó afectada la parte derecha del cuerpo, a lo que se sumó un cuadro depresivo-obsesivo. Asegura que si no fuera por las sesiones de risoterapia ahora estaría mucho peor. «Estaba tocada y no quería ver a nadie. Un día me fijé que en la Casa Elizalde, un centro cultural del Ayuntamiento de Barcelona, hacían talleres de risoterapia. Me parecía totalmente absurdo. Pero como peor ya no podía estar, empecé a ir. El primer día pensaba que nos explicarían chistes o algo parecido, y no. Nos hicieron bailar, tumbarnos, jugar, y empecé a reír. Era inimaginable: ¡estaba riendo! A partir de ahí comencé a relacionarme, a hablar de cosas que no tenían que ver con el accidente y, sobre todo, empecé a poder reírme de mí misma.»

Patch Adams es un médico estadounidense que ha revolucionado a sus colegas con sus propuestas poco ortodoxas, hasta el punto de que ya no es tan extraño encontrar hospitales que incluyan la risoterapia en algunas rutinas terapéuticas. El lector tal vez recuerde su trayectoria a través de la película titulada precisamente Patch Adams, protagonizada por Robin Williams en 1998. Ingresado en un centro psiquiátrico por intentar suicidarse, observó que el trato de los médicos a los pacientes no se caracterizaba por el buen humor y que eso incidía en el estado anímico. Por ello, al abandonar el hospital estudió Medicina para crear su propio centro de salud, el instituto Gesundheit («Salud» en alemán), actualmente muy activo, donde la risa y el buen humor son los ingredientes básicos en la aplicación de cualquier terapia.

En enfermedades graves

En una línea similar, Rosa Casa­font, médico, máster en Neurociencias y miembro del equipo de formación del Hospital Sant Joan de Déu y del Hospital de Granollers, ha creado un método llamado Thabit, donde entre otras técnicas incorpora la risoterapia. Ha comprobado que la risa tiene efectos positivos, y lo constata cada semana entre sus pacientes. «Todavía he encontrado escepticismo porque el mundo científico aún no se atreve a aplicar la medicina de la experiencia. Solo se fían del método reproducible». Y cuenta una anécdota en relación a unos enfermos de Alzheimer. «Al mediodía estiraban de la bata de los cuidadores hacia el televisor. ¿Qué querían? Ver a Arguiñano, con las zanahorias en la cabeza explicando chistes. Les hacía sentir bien».

Norman Cousins, un editor de Nueva York, ante el desespero de una enfermedad degenerativa decidió atragantarse de películas de los hermanos Marx. También le fue bien. Publicó en 1976 un artículo con su caso en el New England Journal of Medicine. Recibió un montón de críticas de la comunidad científica hasta que un investigador sueco, Lars Ljungdahl, publicó en enero de 1989 en JAMA (Journal of the American Medical Association) un artículo confirmando los efectos positivos de la risa.

Rosanna Mirapeix, psicooncóloga, explica los efectos de la risoterapia en las personas que sufren esta enfermedad. «He visto pacientes que han descubierto que, a pesar de que están en pleno tratamiento de quimioterapia pueden tener momentos de diversión y que no pasa nada; al contrario, la mayoría refieren sentirse mejor y más relajados y tranquilos al acabar las sesiones. Reír les permite desconectar y eso repercute en su bienestar personal: en ocasiones incluso disminuye la percepción subjetiva del dolor, aumenta la actitud positiva». A Araceli Lucena, maestra de 45 años, se le diagnosticó cáncer. «Todavía no sabía muy bien a qué me podía enfrentar, pero decidí apuntarme a todas las actividades que se proponían desde la Asociación Española Contra el Cáncer. Entre ellas estaba la risoterapia. Hice seis sesiones. Era una manera de desconectar de la enfermedad. Solo por eso ya valía la pena. Salía de las sesiones como nueva. El cáncer no solo tiene que tratarse con quimioterapia. Reír es mágico».

En el Hospital Sant Joan de Déu también saben de la importancia de la risa, sobre todo del efecto positivo que produce en los niños ingresados, y tienen incorporado el programa Child Life para que los niños vivan lo mejor posible la experiencia de la enfermedad y la hospitalización. En ese sentido, Angie Rosales fundó hace diez años la asociación de payasos de hospital Pallapupas. Afirma que un niño contento es más fácil de curar, así que sin falta cada semana van al Hospital Sant Joan de Déu, a la Vall d’Hebrón y a algunos otros. Incluso la dirección de esos hospitales los dejan entrar en el quirófano con los niños porque han comprobado que con el buen humor y las risas están más tranquilos y son más receptivos al tratamiento.

Mejor prevenir que curar

Este tipo de iniciativas se están multiplicando en España. En mayo se celebró en Zaragoza el xviii seminario de la Asociación de Enfermería Nefrológica / Asociación Europea del Cuidado Renal. El tema central fue «El humor como recurso para la calidad asistencial en unidades nefrológicas». También la Fundación General de la Universidad de Alcalá de Henares decidió hace unos pocos años impulsar proyectos y actividades que incidan en el campo del humor. Tienen reuniones periódicas y han creado una red de investigadores llamada Humor Aula.

Pero no hace falta tener una enfermedad para ir a una sesión de risa. Quien escribe este reportaje tuvo la oportunidad de asistir a una sesión de risoterapia hace tres años en el centro Espai de Taichi, en Montcada i Reixach (Barcelona). No siento predilección por las puestas en escena donde se quiere provocar la hilaridad, así que fui totalmente escéptico. Empezó la sesión todos sentados en cojines formando un gran círculo y nos explicaron unas sencillas reglas: «No es obligado reír, solo hay que hacerlo si sale de forma natural y espontánea; no se va a poner a nadie en el centro del grupo a que haga el ridículo para que los demás se rían; no se trata de burlarse de nadie...». Una vez hecha esta introducción pusieron música y nos invitaron a hacer varios ejercicios con pañuelos y globos, en equipos, colaborando, compitiendo, acercándonos, alejándonos, hasta que sin motivo aparente empezaron a estallar carcajadas contagiosas. ¿Quién podía sustraerse a este momento? Nadie.

¿Cómo trasladar esta atmósfera festiva a la vida cotidiana cuando los problemas acucian? Enric Castellví hace una propuesta. «Piensa en alguna cosa que te preocupe y dilo cantando un par de veces, después dilo como si estuvieras llorando amargamente y finalmente dilo riendo como si fuera la cosa más divertida que te haya pasado». Las circunstancias tal vez no cambien, pero el estado de ánimo probablemente, sí. 

Carcajadas para disfrutar en casa

No siempre es necesario acudir a un taller de risoterapia para soltarse y reír. Enric Castellví propone algunos ejercicios para experimentar en casa.

Para empezar, un puntillo de buen humor. Inspira grandes bocanadas de aire y expúlsalas de forma exagerada. La sobreoxigenación puede hace sentir un ligero mareo que ayuda a dejar a un lado los pensamientos negativos.

Para seguir, cosquillas. Si estás con amigos, intenta encontrar y presionar suavemente los músculos que desatan la risa. No hará falta tocarse para troncharse. Cómo no, imita a un bebé. Los sonidos que emiten los más pequeños son contagiosos.

Cuando rías, cierra los ojos y tápate los oídos. Notarás el sonido interior de la risa: más profundo, sentido y sanador.

Las vocales de la risa y su impacto en el cuerpo

La risa es contagiosa y la vocal que impera en ella la tiñe de modo inconfundible. Esa letra revela de qué parte del cuerpo surgen el aire y la vibración que lo impulsa. A partir de ahí pueden intuirse sus efectos en el organismo.

Reír con una u otra vocal tiene diferentes efectos en el organismo. Hay bastantes investigaciones, si bien ninguna es concluyente. Por tanto, lo óptimo es experimentar uno mismo.

JA. Provoca la vibración en la zona de los riñones, la cadera y el vientre, por lo que activa sus funciones y les aporta energía. Activa las glándulas suprarrenales y actúa sobre la adrenalina y la noradrenalina revitalizando al instante el organismo. Reduce el miedo y refuerza el valor. Se considera que también activa la potencia sexual en los hombres y que en las mujeres resulta beneficiosa para los ovarios y la matriz.

JE. Incide vibrando bajo las costillas. Hace que se libere energía del hígado, la vesícula biliar y el tejido muscular. Es eficaz para reducir los enfados y las tensiones internas. Favorece la tolerancia, la paciencia y facilita la digestión.

JI. Vibra en la zona del cuello y del corazón. Se dice que activa la creatividad y la intuición. Actúa sobre el sistema nervioso y estimula la glándula tiroides, pudiendo ser beneficiosa en los problemas de obesidad. También influye sobre el intestino delgado y activa la circulación en general.

JO. Su vibración se nota en la cabeza e incide en la glándula pineal, la hipófisis, la pituitaria y el hipotálamo. Libera energía del sistema digestivo.

JU. Es la de más bajo tono y vibración, pero muy potente si se practica con frecuencia. Activa la zona pulmonar regulando alteraciones respiratorias. Libera emociones y puede devolver el equilibrio del intestino grueso cuando se tensa a causa del estrés. Rompe los efectos negativos de los pensamientos dolorosos, frustraciones y bloqueos del pasado.

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