Un mural en casa de su abuela

La pareja que viajó desde País Vasco para pintar un mural de Gabriel en Las Hortichuelas

Los artistas sintieron que querían hacer algo para homenajear y recordar al pequeño para siempre

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27 de marzo de 2018, 11:48 | Actualizado a

El pequeño Gabriel Cruz, el niño de ocho años asesinado en un pueblo de Almería a manos de la pareja de su padre el pasado 27 de febrero, ya forma parte de todos. Las muestras de cariño hacia su familia no han parado de llegar desde que el pequeño desapareciera. La última de ellas, el gesto de una pareja de País Vasco y Navarra que decidió coger su vieja furgoneta y viajar hasta Las Hortichuelas para homenajear al pequeño.

Tal como contaba ayer 'El Programa de Ana Rosa', Mikel y Olaia son una pareja de artistas que, como muchísimas personas en España, se conmovieron con la historia de Gabriel Cruz. Por eso, sintieron que debían homenajearle como mejor saben hacer: pintando. Pero en vez de hacerlo desde casa, decidieron ir a donde tenía el mayor sentido plasmar la cara de Gabriel para que su recuerdo no se borre nunca, en Las Hortichuelas.

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Mikel y Olaia decidieron llegar hasta el pequeño pueblo almeriense de la forma en que pudieron, conduciendo su furgoneta a la velocidad máxima, 60 km/h, hasta Las Hortichuelas. Un viaje que superó las 16 horas, pero que valió mucho la pena. Con la ayuda de un vecino del barrio almeriense, lograron dar con el padre de Gabriel, Ángel Cruz, a quien le encantó la idea de tener a su hijo inmortalizado en una de las paredes de su casa familiar.

Con el consentimiento de la abuela del pequeño y de su madre, los dos artistas reflejaron la sonrisa y el alma de Gabriel en uno de los muros de la finca. En concreto, en uno de los que toca a la piscina, donde solía jugar Gabriel durante horas. El mural se compone de dos fotografías cedidas por los familiares del menor, en una de ellas se ve de cerca la cara de Gabriel, muy sonriente, y llevando una gorra con su nombre escrito. En la otra, el pequeño salta en bomba hasta la piscina mientras un mar de peces, que él mismo dibujó, nada al fondo. Así, ahora sus familiares pueden verle siempre que quieran y recordar su sonrisa, pura y buena.

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