Cayetana Fitz-James Stuart fallece en su casa por deseo propio

Muere la duquesa de Alba a los 88 años

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19 de noviembre de 2014, 15:51

Por CONCHI ÁLVAREZ DE CIENFUEGOS

 

Cayetana Fitz-James Stuart, la duquesa de Alba, ha fallecido a los 88 años, víctima de una pulmonía. El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, así lo ha confirmado en la mañana de este jueves, en la que el luto se ha cernido sobre el Palacio de las Dueñas, donde fue trasladada la duquesa por deseo propio tras pasar varias horas ingresada en la UCI. Allí, en el domicilio sevillano de la duqeusa, se ha reunido su familia y sus amigos.

 

El Ayuntamiento de Sevilla se preparaba para la capilla ardiente mientras en la iglesia del Cristo de los Gitanos hacían lo propio puesto que Cayetana de Alba siempre expresó su voluntad de que sus cenizas (al menos en parte) fueran depositadas en este templo.

 

Su hospitalización el pasado domingo 16 no auguraba nada bueno. El estado de salud de la duquesa de Alba había empeorado considerablemente debido a una infección pulmonar y a una gastroenteritis que le había provocado vómitos. A su edad, 88 años, sus seres queridos no quisieron arriesgarse y la trasladaron de urgencia al Hospital Sagrado Corazón de Sevilla, donde permaneció ingresada en la UCI hasta el martes, cuando fue llevada al Palacio de Dueñas para continuar allí con el tratamiento. Sus hijos y marido querían llevarla a casa, para que pudiera estar cómoda y tener intimidad. Se había ganado este descanso.

 

Con los ojos arrasados por las lágrimas, rostros cansados y gestos de preocupación, Alfonso Díez y Eugenia Martínez de Irujo eran dos libros abiertos en los que se podía leer que el estado de salud de doña Cayetana no era el mejor. Derrotada, la duquesa de Montoro sólo acertaba a decir que su madre estaba “regular”. El pronóstico de los médicos no era nada halagüeño.

 

Las últimas horas rodeada de los suyos

 

A las diez del martes de la noche, la ambulancia que la había trasladado del hospital hacía su entrada en el palacio de Dueñas. Allí permanecería atendida en todo momento por su equipo médico, esos que la han estado vigilando y la han mantenido controlada hasta que necesitó la atención de otros expertos en el Sagrado Corazón de Jesús.

 

La duquesa,  inconsciente y con respiración asistida, recibió la visita de su confesor habitual, quien pasó unas seis horas en el domicilio.

 

Conforme las horas pasaban, los seis hijos de la duquesa llegaron a Sevilla, para estar a su lado aunque ella ya no fuera consciente. Querían darle todo su calor. Sabían que Cayetana soñaba con tener a todos los suyos a su alrededor. Sus amigos también acudieron a Dueñas para acompañar a Cayetana y a su familia.

 

El palacio ha sido acondicionado para la estancia de la duquesa. A él llegaron el martes bombonas de oxígeno, una cama de hospital y material médico como guantes, vendajes y gasas. El hogar sevillano de Cayetana había sido perfectamente equipado para hacer más cómoda la vuelta de la duquesa a su casa.

 

Dueñas se había convertido en el refugio de Cayetana. Enamorada desde siempre de Sevilla, en este palacio vivió algunos de sus momentos más importantes de su vida, como su tercera boda, con el que ha sido último amor, Alfonso Díez.

 

La hípica, su última aparición

 

Fue en el Real Club Pineda de Sevilla, durante un acto dedicado a la hípica, cuando la vimos por última vez. La mujer con más títulos del mundo había acudido para apoyar a su hijo Cayetano, que competía con otros jinetes.

 

En esta aparición pública, la duquesa, que había atravesado un pequeño bache de salud, apareció vital y llegó caminando. Demostrando esa fortaleza tan propia de ella. Capaz de sacar fuerzas de flaqueza por tal de apoyar a un hijo, Cayetana siempre ha tenido una voluntad inquebrantable.

 

Dejó a todo el mundo mudo. Se la esperaba apocada, sentada en silla de ruedas y no andando y del brazo de su marido, Alfonso Díez, el apoyo de sus últimos años.

 

Una historia de amor a prueba de críticas

 

Su marido desde 2011, Alfonso Díez, un palentino 24 años menor que ella, ha sido todo para ella desde que comenzó su relación en 2008.

 

Confidente, amigo, compañero y apoyo. Alfonso ha sabido ganarse el cariño y la confianza de todos a base de gestos y de silencios. Él nunca ha hablado de la familia, salvo para decir cosas buenas, y su prudencia lo ha convertido en un miembro más de los Fitz-James Stuart.

 

Las aficiones que compartían los unieron. Alfonso descubrió en ella a la mujer inteligente que lo complementaba y juntos viajaron y disfrutaron de una de sus mayores pasiones, el arte.

 

Con su tercer y último matrimonio, cuando Cayetana ya contaba con 85 años, volvió a dar muestras de ser la duquesa rebelde, ese apelativo que se ganó en su juventud debido a su testarudez y a haber sido capaz de hacer en cada momento lo que le vino en gana.

 

Sus grandes problemas de salud

 

En 2009 la duquesa fue intervenida en el mismo hospital sevillano en el que ha estado ingresada estos últimos días. Cayetana necesitaba la implantación de una válvula en el cerebro que le aliviara los problemas de hidrocefalia que padecía y que habían empeorado considerablemente su estado de salud.

 

Además, los problemas de movilidad han sido uno de sus mayores calvarios, pero siempre fue capaz de superarlos. El caso más llamativo tuvo lugar a principios del 2011, cuando ingresó en un centro médico desplazándose en silla de ruedas y saliendo de él, a las semanas, completamente renovada. La duquesa era otra, tenía una postura recta y podía volver a andar, eso sí, siempre acompañada de alguien que ejerciera para ella de bastón de apoyo.

 

A comienzos de este año la duquesa daba otro susto. El invierno había sido especialmente duro para ella y no se prodigó por la escena pública. Alejada del frío y de los actos, la duquesa pudo descansar todo lo que necesitaba.

 

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