Todos los hijos rompen a llorar en el funeral

La familia de Alba rota de dolor en el funeral de la duquesa

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Cas de Alba

21 de noviembre de 2014, 13:22

Por CONCHI ÁLVAREZ DE CIENFUEGOS

 

Criados en la más estricta educación, al más puro estilo británico, los hijos de la duquesa de Alba no suelen mostrar sus sentimientos en público. La misma Cayetana llegó a criticar a la que fuera su consuegra, Carmina Ordóñez, porque lloraba "demasiado" en público. Unas ataduras sentimentales que se han hecho añicos en la Catedral de Sevilla. Los seis hijos de la duquesa de Alba y su viudo de deshacían en lágrimas. Incluso Carlos, el mayor, el heredero de la Casa de Alba, ha llorado en público.

 

Desde primera hora de la mañana ya había gente haciendo cola en el Ayuntamiento de Sevilla para despedirse de la duquesa de Alba. Tenían hasta las 12 menos cuarto, hora prevista del traslado del féretro de ese Salón Colón que ha acogido durante las pasadas 24 horas la capilla ardiente de doña Cayetana a la Catedral de Sevilla. Según el Consistorio sevillano han pasado por la capilla ardiente más de 90.000 personas.

 

Los primeros en abandonar el Ayuntamiento han sido Alfonso Díez y Carlos, el hijo mayor de la noble y quien heredará el título nobiliario de duque de Alba. Se dirigían a la catedral para recibir a las personalidades que asistirían al entierro, como Elena de Borbón, en representación a la familia real, y al ministro de defensa, Pedro Morenés, que acudía representando al Gobierno.

 

Carlos y Alfonso también querían recibir a los pies del altar mayor de la catedral el cortejo fúnebre, que ha salido de la Plaza Nueva a las doce menos diez.

 

Portando los cojines en los que reposaban las medallas y títulos de la duquesa, salían los trabajadores del palacio de las Dueñas. A continuación lo hacía la corona de flores de Alfonso y en la que se leía el entregadísimo mensaje de "no sé si supe decirte lo que te quise. Te quiero y te querré". Una precioso trabajo floral realizado en rosas rojas.

 

El féretro ha permanecido cerrado y con las banderas de la casa de Alba y de España custodiándolo. En esta ocasión, ha sido transportado por trabajadores de los servicios funerarios, no como ocurrió el jueves, cuando fue llevado por los nietos mayores de la duquesa. Una vez dentro de la catedral, eso sí, algunos de los nietos han portado el féretro.

 

A su salida se ha vuelto a producir ese aplauso espontáneo por las más de 3.000 personas que llevaban esperando la salida del cuerpo sin vida de doña Cayetana y que muchas ya habían pasado a despedirse de ella en la capilla ardiente.

 

Tras el coche funébre caminaba a paso lento la comitiva, encabezada por Cayetano y Afonso y seguidos por Eugenia, Tana, la hija de Cayetano y Genoveva, así como Jacobo y Fernando. Todos bastante más calmados que ayer, pero con gesto cansado y doliente. 

 

A las 12,15 el ataúd llegaba a la catedral. Ahora sí, en los hombros de sus nietos, hasta el menor, el hijo de Cayetano, colaboraba en el traslado del féretro. Los hijos se acomodaban en una primera fila que encabezaban, manteniendo un estricto protocolo, los duques de Calabria. Los seguía Alfonso y Carlos, de los primeros en llegar a la catedral, y de manera consecutiva, Eugenia, Jacobo, Alfonso, Cayetano y Fernando.

 

A distancia, en un lugar sólo destinado a las personalidades de la realeza, se encontraba Elena de Borbón, quien acudía en representación de la reina Sofía, debido a la gran amistad que unió a la monarca con la duquesa.

 

La misa ha estado presidida por monseñor Carlos Amigo, con quién también tenía una estrecha relación doña Cayetana. En un segundo plano también han estado monseñor Juan José Asenjo, el padre Ignacio, el confesor de cabecera de la duquesa quien fue uno de los últimos en visitarla antes de morir.

 

En torno a la una y media de la tarde, la misa funeral ha terminado. Tana, la nieta predilecta, gastaba pañuelo de papel, tras pañuelo de papel. Junto a su madre y Alfonso, han sido algunos de los que más han expresado su desolación.

 

De nuevo han sido los nietos los encargados de introducir el féretro en el coche fúnebre que llevará el cuerpo hasta el cementerio de San Fernando, donde se procederá a su cremación. Tras este proceso, y con las cenizas ya en mano, una parte de los restos de doña Cayetana serán llevados a Madrid y otra se quedará en Sevilla. Será esta tarde, a eso de las seis y media, cuando, en la más estricta intimidad, se procederá a depositar las cenizas en la iglesia de la hermandad del Cristo de los Gitanos. En lugar de reposar en el columbario común del templo, lo hará a la izquierda del cristo, justo debajo de un cuadro de motivos religiosos que doña Cayetana cedió a la hermandad. 

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