Dolor por el fallecimiento de la aristócrata

La duquesa de Alba muere rodeada del cariño de su familia, sus amigos y Sevilla

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Cayetano Martínez de Irujo

20 de noviembre de 2014, 11:30

Por CONCHI ÁLVAREZ DE CIENFUEGOS

 

La mañana del 20 de noviembre se ha levantado triste. Se nos había ido una de las figuras públicas más queridas, la duquesa de Alba.

 

Se ha marchado acompañada de toda su familia, sus 6 hijos, su marido y algunos de sus nietos, como 'Tana', que lleva su nombre, y a quien se pudo ver el miércoles desolada saliendo del palacio de las Dueñas.

 

Esa que un día dijo “vivo mi vida como me da la gana” y que consiguió ponerse el mundo por montera, se ha ido en su habitación del palacio. Había sido acondicionada con botellas de oxígeno y una cama de hospital. Aunque ya no hablaba, era consciente de la presencia de todos los que la rodeaban. Abría los ojos y entendía cada gesto, cada palabra y cada lágrima que era derramada por ella.

 

Desde que llegó a su casa sevillana, no paró de recibir a familiares y amigos. Sus exnueras, Genoveva Casanova, Matilde Solís y María Eugenia Fernández de Castro, fueron de las primeras en acudir a su lado. Con todas ellas mantenía una estupenda relación, y sufrió los divorcios de sus hijos como si fueran propios. A todas las quería y con todas tenía una complicidad especial.

 

Algunas de sus mejores amigas, como Carmen Tello, visiblemente afectada, y uno de sus mayores apoyos durante los últimos años, y Carmen Cobo también acudían a darle su último adiós. “Está tranquila”, decía Cobo a los medios que se agolpaban desde la noche del martes a las puertas del palacio.

 

Tranquila y en paz, así se ha ido doña Cayetana. La duquesa no ha sufrido y ha tenido la muerte que siempre deseó para sí: en casa, con los suyos y apagándose sin sufrimiento alguno.

 

Ahora la espera el salón Colón del Ayuntamiento de Sevilla, donde su cuerpo será velado por los centenares de sevillanos que se espera que pasen por su capilla ardiente para despedirse de la ‘duquesa del pueblo’. El coche fúnebre que la trasladará hasta la alcaldía tiene previsto salir de Dueñas a eso de la 1 del mediodía para dirigirse al centro. El vehículo recorrerá un total de doce calles, en honor a la mujer que un día fue considerada una de las vecinas más ilustres y más solidarias de la ciudad.

 

Aunque aún no se ha hecho público dónde tendrá lugar el funeral por el alma de doña Cayetana, se ha hablado de que podría ser en la catedral. Lo que sí se sabe a ciencia cierta es dónde reposarán sus restos. Sus cenizas serán llevadas junto a los pies del Cristo de los Gitanos, de quien era devota. La duquesa encargó un columbario y ha estado pendiente en todo momento de su ejecución. Doña Cayetana siempre se volcó con esta hermandad, a la que realizó numerosos donativos y con la que siempre fue muy generosa.

 

La ciudad ha decretado un día y medio de luto, un gesto que el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, ha querido tener con la duquesa así como con su familia, para que sirva de sentido homenaje dedicado por la ciudad a una de sus más queridas hijas adoptivas.

 

Felipe VI ha sido uno de los primeros en darle sus condolencias a la familia. Con una llamada telefónica a Carlos, el primogénito, el rey le prestaba todo su apoyo en unos momentos tan difíciles. Además, dos coronas de flores han sido enviadas de parte de Casa Real al Ayuntamiento. Y aunque aún don Felipe no ha podido hablar con el viudo, Alfonso Díez, tiene pendiente expresarle su pésame de manera personal.

 

La familia de doña Cayetana será quién decida hasta cuando permanecerá abierta la capilla ardiente de la duquesa. En ‘La mañana de la 1’ hablan de que podría ser 24 o 36 horas, pero que está decisión sólo será tomada por los 6 hijos. Tras este velatorio, tendrá lugar el funeral y posteriormente, cuando ya se haya producido a la incineración del cuerpo, se procedería a trasladar los restos al altar mayor de la hermandad del Cristo de los Gitanos. Uno de sus deseos era que, cuando sus cenizas fueran llevadas al columbario, sonara la Salve rociera.

 

A la una de la tarde ha llegado el coche fúnebre encargado de trasladar a Cayetana al Ayuntamiento, que incluirá ese último recorrido por Sevilla del que hemos hablado. Con toda la familia en torno al féretro, estos han acompañado lo han acompañado hasta que ha salido del palacio a la una y veinte, seguido de una tremenda ovación y aplausos que le dedicaban las decenas de sevillanos que se agolpaban a las puertas del palacio desde primera hora de la mañana. 

 

A la llegada del ataúd y del cortejo funerario a la Plaza Nueva de Sevilla, el silencio reinaba. Sólo se ha roto para volver a aplaudir cuando el féretro, llevado por los nietos mayores de la duquesa, ha sido transportado al interior del Ayuntamiento. Sobre el mismo, la bandera de la casa de Alba y un ramo con seis flores blancas. Se trataba del primer ‘bouquet’ que ha llegado a la casa tras conocerse la noticia.

 

Hemos podido ver a una familia unida ante el dolor. Una Eugenia abatida ocultaba sus ojos tras unas gafas de sol, mientras que en el resto podíamos ver caras de agotamiento y de la congestión propia del llanto.  

 

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