Toques y retoques

¿Qué pasaría si Matamoros, Pedroche y Chelo García Cortes fueran a ‘Cámbiame’?

Conchi Álvarez de Cienfuegos
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cambiados. De esta guisa parten los famosos antes de pasar por las mágicas manos de los estilistas

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A lo David Delfín

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El look de la nueva Chelo

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El maquillaje de la nueva Chelo

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El look de la nueva Cristina

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El maquillaje y peluquería de la nueva Cristina

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Cámbiame

20 de junio de 2016, 10:06

El día 15 de junio cumplió su primer año el programa que más me divierte de la televisión actual, 'Cámbiame' (aunque ‘First Dates’ le sigue de cerca). Por estos 366 días (recordad que 2016 ha sido bisiesto) han pasado por ‘Cámbiame’ más de 1000 personas ansiosas por transformarse no solo por fuera, sino también por dentro.

Hoy me pregunto cómo sería un programa si los candidatos fueran rostros conocidos de la televisión, un 'Cámbiame Deluxe Edition'. Por ejemplo, si un día, ante ellos Kiko Matamoros apareciera bajo este titular “necesito look para mi boda”. Le viene que ni pintado, no digáis que no os lo imagináis en semejante tesitura. Me gustaría que el que lo escogiera fuera Pelayo Díaz, con el que hablaría de entrenamientos de fitness y de cómo perfeccionar las sentadillas. Por supuesto, Pelayo le haría un cambio de pies a cabeza, le quitaría ese rollo ‘machito petado’, y lo llevaría a una tienda de moda caballero en la que el minimalismo fuera el estilo imperante. “Con esos músculos tienes que afilar tu estilo”, le diría. Empezaría proponiéndole una camisa entera abotonada en color verde menta y Matamoros torcería el morro, pero después, sobre la pasarela, con el estilismo final, acabaría enamorado del traje que Díaz Zapico habría escogido: una creación de David Delfín, en color oscuro, de bermuda, camisa blanca, con una especie de tirantes de paracaidista cruzándole el pecho. Makoke lloraría emocionada desde la primera fila.

“Quiero que mis compañeros no me reconozcan”. Tras la puerta del cambio se ocultaría Chelo García Cortés, buscando un nuevo aire a su armario harta de escuchar las mismas críticas de siempre por parte de sus compañeros de ‘Sálvame’. La encargada de cambiarla sería Cristina Rodríguez, quien con lágrimas en los ojos le diría “pienso sacar a esa tía dura que llevas dentro. Vas a demostrar que puedes ser sexy y los dejarás sin poder cerrar la boca”. Y se la llevaría a probarle modelitos. Le pondría tacones y, claro está, la periodista andaría como un pato mareado. Sin tener ninguna estabilidad, se negaría en redondo a continuar con el cambio. Haría vivir un momento de máxima tensión al público, que creería que la transformación está pendiente de un hilo. Finalmente, García Cortés se subirá a la pasarela, no sin antes haberse tambaleado un poco al arranque de la misma, y habría sonreído al público, al que se le llenaría la boca de “guapas”. Cristina, dada su afición al brillo y al maximalismo, le habría puesto todo. Con ella se habría atrevido a ponerle vestido, pero con unos leggins de piel, para acentuar el rollo ‘malota’. La parte de arriba sería algo vaporoso, bohemio, que contrastaría con la dureza de los pitillo. Y una americana con lentejuelas. Que no falten. En los pies, sandalias de taconazo, para pisar con garbo. Corte tipo ‘pixie’ y pelo decolorado, rubio platino casi blanco. Un buen ojo ahumado en color oscuro para potenciar el azul del iris de la periodista. Las dos mujeres se abrazarían, y Chelo agradecería la oportunidad.

¿Y si la que se dejara caer por el plató fuera Cristina Pedroche? Sin duda, la mejor candidata a hacerle el cambio sería Natalia Ferviú, que le enseñaría otro modo de entender la feminidad, mucho menos ajustada y sin transparencias. Ella apostaría por hacer aflorar su lado más retro y dulce. Las dos se entenderían de maravilla y Ferviú le desvelaría un ‘naticonsejo’ para hacer los labios más carnosos pintándolos de un color llamativo: dibujando un aspa en el labio superior y rellenándolo con el color. Lo más probable es que la experta en moda se la llevara a una de sus tiendas fetiches, donde le probaría minifaldas, pichis y camisetas divertidas. Para al final escoger para ella un vestido con un estampado divertido, zapatillas con calcetines calados y un bolso con forma de labios al hombro. ¿El pelo? Le haría un ‘lob’ (long bob, una melena larga, a la altura de las clavículas) y aprovecharía para decolorárselo y pintárselo de algún color de fantasía. El maquillaje, con un bonito rasgado de ojos y unos labios potentes. Eso es todo.

Y ahora, como diría Marta Torné, en la galería tenéis cómo han sido sus grandes cambios.

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