Toques y retoques

Sí a Alaska, no a Alicia Keys

Conchi Álvarez de Cienfuegos
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Belleza famosos

5 de septiembre de 2016, 08:53

Desde que Alicia Keys decidió que iba a pasar del maquillaje, cada vez que aparece en un escenario o sobre una alfombra roja la artista siempre abre el mismo debate: ¿Por qué no puede cundir su ejemplo entre todas nosotras y hacer que pasemos de coloretes y barras de labios?

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Pero este no es un post para alabar a Alicia, sino para defender aquello de lo que es contraria. Personalmente creo que el maquillaje es una herramienta más para ser creativos, con la que jugar. Y ojo que en esto incluyo tanto a mujeres como hombres, me gusta que los chicos también sucumban a la raya del ojo y descubran lo intensas que se ven sus miradas con un poco de khol negro. Para mí, el maquillaje, al igual que la moda, es juego. Y me gusta tener juguetes con los que entretenerme, ¿tan difícil es eso de comprender?

He oído críticas de gente que piensa que somos esclavos de nuestras bases y nuestros correctores. No. Dejadme que os diga una cosa, mi ‘bronzer’ no es una gran bola de hierro con una cadena que va directa a mi tobillo. Qué va. En cambio, es una herramienta que me permite pasar de tener mi cara como una medallita de comunión, a tener más pómulos que Mario Vaquerizo tras tres días bebiendo solo zumos verdes.

Y ahora que saco a Mario a relucir. Tanto él como Alaska poseen una postura que me parece divertidísima. Mientras medio mundo quiere ir maquillado de manera natural para hacer creer al resto de la humanidad que tiene ese buen tono de piel, ese rubor propio de princesa de los cuentos y una boquita de fresa de lo más sutil, ellos quieren todo lo contrario. QUE SE NOTE. Que se note que los ojos van ahumados, que los labios están pintados con el rojo más mate y que los pómulos han sido cincelados con pinceles y sombras. En una sociedad en la que parece que lo natural equivale a bueno, y lo artificial a malo, ellos apuestan por lo último. Y yo, ya puestos, los secundo.

¿No os entran los siete males cada vez que una persona dice: me gustan las mujeres al natural (como si fuéramos zumos) sin nada de maquillaje, cuando van pintadas muchas son un engaño. A esa gente directamente la puedes borrar de tu lista de intereses. No entienden que el maquillaje es una forma de expresión, de diversión o de autoafirmación, y en cambio lo ven como la manera en la que llevamos una doble vida. En serio, no les dediquéis ni un segundo más. Porque esas mismas personas después te pondrán el ejemplo de lo guapa que está Blake Lively en ‘Infierno azul’, la película en la que hace de surfista amenazada por un tiburón, y tú tendrás que explicarles mil cosas. Como por ejemplo que la actriz lleva una capa de pintura más gruesa que la de Tintalux que le distéis a vuestros muebles.

Haced lo que queráis. De verdad. Si el maquillaje no os aporta nada, pasad de él, invertid vuestra creatividad en otra cosa, pero si os gusta, por favor, no os sintáis avergonzados. Recordad que igual que os maquilláis para vosotros, los otros no tienen que entrar a valorar nada en vuestros gustos. Seguid dándole a la brocha y larga vida al carmín.

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