En el punto de Mila

Quiero ir a trabajar con la mente vestida de limpio

Mila Ximénez
Mila Ximénez

10 de enero de 2018, 07:00

Es un ritual hacerse promesas para el nuevo año. Y yo no podía ser menos. He prometido no implicarme demasiado en historias de personajes que te roban el alma y la energía de la que ellos carecen. Quiero ir a trabajar con la mente vestida de limpio. Intentar no dejarme salpimentar por la cutrez y el mercadeo. Desbloquear los resortes que me impiden ser más libre. Intentar abrazar el éxito y mantener lejos a los que sufren viendo cómo lo consigues. Escaparme con más frecuencia a enredarme en el bullicio de mis nietos. Lo del gimnasio, las dietas y todo eso, aún está en periodo de elaboración.

No ha sido un año de personajes extraordinarios. Excepto la crisis de los Bustamante-Echevarría, lo demás han sido retales previsibles. Las Chabelitas, los Albalá, los Janeiro... me producen un tedio agotador. Es cierto que los ingresos de la Campanario por distintas clínicas psiquiátricas han sido una novedad con tintes desagradables. La Campa me puede caer mejor o peor, pero es fácil solidarizarse con el dolor de una enferma, y a mí me ha producido cierta cercanía. No lo está teniendo fácil y debe de ser triste la indiferencia de una familia política que, según allegados a ella, no le tiene demasiado cariño.

El Rey ha cumplido 80 años y han cuidado la foto de familia evitando la imagen con los Urdangarin. He sentido pena por los niños de estos. De todos los que componían el retrato familiar, creo que son los más inocentes. Me produce más indignación ver cómo Cristina e Iñaki siguen teniendo un pseudo destierro de lujo, jugando al escondite con su situación real, que es de absoluto privilegio.

El premio a la historia que más juego nos está dando es sin duda la del triángulo Lapiedra-González-Hamilton. No sé cómo va a terminar, pero de lo que no tengo duda es que viven sus mentiras como verdades absolutas, y sus distancias, sin desenredarse el uno del otro. Me muevo en un escenario donde cabe todo tipo de personaje. La mayoría son aspirantes eternos a ser protagonistas de cualquier trama. Pero lo cierto es que solo pueden permanecer aquellos que sean capaces de sobrevivir después de la bajada del telón. No es fácil. Ni siquiera Vargas Llosa ha sabido salir del foco. Al parecer, este mundo te engulle. Espero seguir respirando con normalidad.

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