En el punto de Mila

Mi parálisis amorosa no se ha producido por la rabia

Mila Ximénez María Lapiedra
Mila Ximénez

7 de marzo de 2018, 07:00 | Actualizado a

Las historias de amor que perduran son las que abandonan las sábanas y salen a la calle a soportar la rutina del ruido. Solo perdura el recuerdo, cuando este no envejece. Y la pasión es un juego donde siempre gana la banca del tedio. Puede parecer que mi parálisis amorosa se haya producido por la rabia. Todo lo contrario. Siempre he dicho que me apasionan las historias de amor. Pero cuando miro a mi alrededor, mi agujero emocional se va haciendo más profundo.

Esta noche estoy revisando los vídeos de la entrevista que María Lapiedra le ha hecho a mi compañero Gustavo González, y he recordado una frase que él repetía continuamente: “Mi historia de amor es tan bella que hurgar en ella la ensucia”. Bueno, pues parece que han querido dar un giro y pasar del servicio de limpieza. Yo creía en esa historia. Me parecía que la espera de ambos para vivirla merecía un final de puertas abiertas al abrazo y a las caricias sin escondites. Pero, de repente, me encuentro con que las están tintando de graffitis vulgares que ensucian las paredes de su entorno.

No soy sospechosa de juzgar comportamientos desde la moralidad. Pero me gusta la estética de los relatos. Se puede hacer el amor en un vertedero, y aislarte de la basura en el encuentro. María y Gustavo tenían en sus manos muchos elementos que atrapaban. Pero el barullo les ha convertido en dos guiñoles desmadejados. Juro que me encantaría que esta novela tuviera un final feliz. Pero, de momento, la sinopsis que están escribiendo no nos lleva a ese desenlace. Gustavo muere de amor. Y creo que María muere por el testimonio continuado de sus declaraciones públicas, aunque estas conlleven la falta de pudor más absoluta a veces.

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